Saturday, November 17, 2007

La enamorada



… porque Ella permanece enamorada
en un mundo donde el ojo se ciega con vendaval
de polvo y arena, el desierto desafía
al amor que nos vincula.

El mundo es oscuro, Nachash,
y la tierra seca y la Luna tan poca…
Sólo tú, cristalina y clara.

«Lo amarás en mí, también tú…
Amalo como yo, con exceso».

Ella me dice. «Invócalo,
como si tú mismo fueses la reina
de los cambios, y atráelo a tí».

¡Cómo decías quererlo, zorrita de Chesed,
próspera coneja de transformaciones!
¡Cómo vas por las calles, revolcándote
sobre aldizas y juncales! …

A él, no exageres,
¡así es que lo amaste
y aún lo amas, Nachash!

«Ahavá, humedéceme en el manantial
de Tu Deseo», susurraste, yo oyéndote…
(tal vez hasta celoso) porque
te aferraste a El y a mí.

¡Ay, Güila, pollancona de cachondo himeneo,
a veces prefiero que la puerta de Dalet no la abras
para mí. Que la tires contra mis narices
y con El te quedes y te vayas para siempre…

11-03-1989

Ten un deseo ahora que vengas / De la santidad / Sarcófagos que no devoran

TEN UN DESEO AHORA QUE VENGAS


El estado del Amante es de reverente devoción
y profunda absorción en la consecuente recolección
de la belleza misma, vista en lo amado:
Sócrates

Hoy ponte ropajes blancos que la Noche te espera
sé ave, quizás una paloma. La nitidez y blancura
es invitación de Luna y llena está del ruego
de que parezcas luminoso con mejillas de plata.

Cinco minutos el ave pide del calcio de tus huesos.
Cinco minutos de fulgor o dos velas encendidas
y su llama de nieve. 

«Tén un deseo», dirá la que vendrá.
Shekinah en Luna Nueva,
el ave pulcra del alma que  va al esposo.

Dispón la copa más dulce de tu vino.
La amante, acaso tú, dirá:
Hall-u-Jah, alabanza a Ti, Jah,
que permites mi Gran Viaje/

Eros / Pteros es el ave.
Permítele sus rumbos infinitos.
Tu corazón se ha cubierto
renovado el plumaje.

*

DE LA SANTIDAD

Santo es mi ente / y mi ser / mi ontología / este sábado.
Y santo seré con cinco minutos de gratitud 
en la bóveda celeste a donde seré llevado. 

No en vano es Jah, él alaba conmigo,
convencido y me dice: Sube a la carroza 
del alma sin lamento. Te invito. 

Despertaré tus recuerdos, pabilo del olvido.
Te daré esencia de mi hálito. 
Carbono de mi fuego, hijo mío.

Hoy es sagrada tu paz, náufrago en asfixia del mundo.
Hoy te llamo delfín en la bruma. 
Canta, canta con inteligencia.

Solicítame las formas amadas del Amado.
Al que toca las puertas de Daleth instruyo:
Ente vivo, organismo de mi Ser, te desoculto.

Te doy la semejanza de mi origen. 
Como dios tu roca rescato de los arrecifes.
Con leucocitos devoro los gérmenes de olvido

que te postran. Como Bazo / Vaso incólume te doy
de mi energía. En el Astral te alimento de sangre nueva.
En el Bazo de Jah te filtro. Te adiciono el Ananda.

*

Sarcófagos que no devoran

Mis macrófagos no devoran. 
Ni lamen tus entrañas. Hoy es Dios,
el Padre, quien te come con besos

Y no es densa ni dura  tu almohada
ni densa tu boca con tal de que digas:
¡Aleluya! Son energía de Anhata.

El trago de este vino es incoloro. 
Bebes del Bien Amado como de manantiales 
y el púrpura de mi sangre no es de animal impuro. 

Hoy de formas amadas y eternas grabo el alfabeto 
de los caminos. Mi memoria no lo olvidará.
Aún en ósea desintegración de mi caída, me acordaré. 

No me pondré en la tumba colectiva del letargo. 
En el Sheol de sombras, oscuridad y olvido,
no pondré un desperdicio suyo. 

Qéver, sepultura individual, seré entre los sellados. 
Ninguno me solicitará de los depósitos de muerte. 
El ha renovaré mi soplo...

Y entre los deseos de los Hijos del Thymos,
no tendré pan de muerto ni endurecido llamado.
Cuando llegó el sábado, fui quien le dijo:

Te conocí entre para regocijo del hombre como un todo.
En mi sábado me díste lo mejor: tu visión de Luna Nueva,
tu amor a mi Shekinaj. Aceptaste la invitación que hice

al viaje, íntimo y personal, de mi libido porque soy mortal;.
pero ya no será así. Llegaste Contigo hablaré  de alma a alma 
y diré mis secretos, tú los tuyos, que tienes prometidos.

21-09-1990 / CARLOS LOPEZ DZUR

La novia sospechada


La novia sospechada es la reina
de mis días. Detuvo la inercia,
su muerte física en el colonialismo,
su pereza en los siglos, su olor citrino,
el dolor en los pies, su memoria de carimbo.

Gozosa está la novia.
¡Ya es libre! En la puerta de justicia
es el Edén del océano profundo
y lo habita. Su olor de lino sube
como hiedra a murallas de la isleta de San Juan.

Su incienso como díctamo de Creta.
Su voz grita la tierra campesina
y la costa de sus heroísmos.
A piratas depuso con disparos de canela
y sol y mosquitos que zumban en el ano
de la codicia de su reino.

Pugnaz, heroica, obstinadamente sublime,
la mujer sospechada, virgen prudente,
con lámparas de aceite provisor
me ha esperado; a mis puertas toca.
Y abro para decirle: «¡Bienvenida!»

13-09-1990

Geografía


Toda la geografía que define
tu extenso Ser, Urania, es hermosa
¡y cuántas veces, al asomar el horizonte,
te bendigo! ... El sol se esparce
sobre tus pechos montañosos.

Cubre tus cumbres y tus cordilleras.
Me invita a subir y besarte en reposo.
Entonces, las oprimo delicadamente.
Te beso. Chupo sal láctea de tus bendiciones.

Tus costas son curvaturas de guitarra.
Con susurros las canto.
Les comunico mis táctiles secretos.
Les musito la melodía digital de mis sensualidades.

Muslos tersos te sobran, se extienden
como si buscaran la raíz en tus rodillas.
Se fugan de las rótulas; a veces
se tornan como rastreros huesos de maravillas
porque son hiedras frágiles que descienden
al talón y solicitan, mendicantes,
sube, como serpiente, conmigo.

Ya ha pisado el fundamento de Nepech.
Por eso cierra sus argollas y esclavas
sin quitarse los fragmentos de tikkum
porque Maljut es, en rigor,
tierra de prueba,
aunque su encanto existe
hasta en el último escondrijo de la carne.

Su carne es un externo lenguaje de silueta.
El paisaje y la presencia se perciben
porque son un mashal y paradoja.
No es Ella / Isla / Amante sólo cruz.
Yesod la entrega.
No se muere su Luna femenina
en los diezmos de la ofrenda.

No todo se ha tirado en la sadhana
ni en la novena esfera,
pero aún los hombres viles, mutilados,
sexo son, sexo quieren,
y sexo somos aún antes del viaje espiritual
del paisaje y del interno Oriente.

6-12-1997

Del libro Teth, mi serpiente

La tuerta

A Doña Ana de Mendoza
(1540-1591)


O, sea que en lugar de salirle al toro del callejón
por los cuernos y encontrarse frente a frente con
el mundo, prefieren elevarse al 'ascesis' y en sus
intentos por alcanzar lo absoluto, aniquilan la
posibilidad de concreción... [...] El ensismismamiento
estético no es teleología:
Extor Henríque Martínez


Nació y creció muy linda. Una bellísima bebita y una adolescente privilegiada hasta que, en una lección de esgrima, le acuchillaron el ojo. Lo perdió por completo. A la edad de doce años, la Corte española decidió que Anita debía casarse con Ruy Gómez de Silva, privado de Felipe II, llamado popularmente el rey Gómez, aunque sólo fue Príncipe de Evoli y, tras este casamiento, Doña Ana y él se nombraron, en boca de sus súbditos, como los Duques de Pastrana. Hubo que llamarla Doña Ana, sin diminutivos.

El accidente, su pérdida del ojo, no evitó que el matrimonio se consumara a la edad de 19 años; pero, ella recordaba el ayer y soñaba con el mañana de un modo distinto al día en que se anunció el compromiso. Quiso ser una monja carmelita y a sus consoladores dijo, una que otra vez:

«Quiero mi ojo». El mismo ojo que perdió a los 15.

Médicos y sacerdotes le dijeron:

«No es posible».

Y el esposo añadió: «¿Qué? ¿También has perdido la cordura?»

No la besaba en la boca ni en sus mejillas tersas como manzanas. No había ni ternura en la alcoba. A veces él se reía sospechosamente. Anunciaba, con silencio: ¡Ya tienes una tara! No gustaba que ninguno mencionara La Tuerta ni que se la invitara a su lado en ceremonias oficiales. Pero bien que, años antes, cuando tenía sus dos ojos grandes y hechizadores, le suplicaba un gesto, una mirada, una coquetería que comunicara: También me gustas. Te distingo.

La jovencilla del parche negro fue mimada por sus damas de compañía y siempre preguntaba por Antonio Pérez, todavía no digno del cargo de Secretario del Rey. Desde niña, él la amaba. ¡Por Don Ruy ella no sintió tanto!

¿A quién vio Antonio que fuese más hermosa, enérgica, dulce y, segura de sí misma, durante su adolescencia? A ella... Cuando anunciaron su compromiso con Don Ruy Gómez, Antonio se mordió los labios. Fue un trago amargo. Chorrió su sangre como preludio del accidente en su corazón que guardó sus besos imaginarios como tesoro secreto.

Y ella lo observó. Supo sobre tal sentimiento. ¿Quién tuvo ojos más tiernos al mirarla?

Como ella, él a los 11 años que tuvo, llegó a la Corte, con un pensamiento pre-operacional casi ingenuo. Fue su crecimiento dichoso, al margen de ansiedad y culpa. El pensó que los mitos son ciertos, concreta y literalmente, y alguna vez escribió un poema, donde dijo que si Krishna le ofreciera mil pastorcillas para amarlas, como en los cuentos de Oriente, él las rechazaría. El sólo querría una: ¡y Ana es su nombre!

¿Pero quién era él, súbdito de príncipes, mandadero en la casa real? ¿Quién ante Don Ruy Gómez de Silva y los prohombres de Pastrana?

¡Estar cerca de ella le bastaba, verla con sus damas de compañía, verla en una fiesta, sin el derecho de bailarla, verla sin compartir la mesa, si acaso Doña Ana estuviese sentada!

El no cree que él puede abrir las aguas del Mar Rojo; pero Dios en Moisés las separa. Si Dios hizo el mundo en siete días y su fe, como individuo, se creciera como un grano de mostaza, nunca vivirá en miseria ni en vergüenza ni en esta soledad que es desearla, sin beneficio alguno. El es dogmático, literal en su petición de fe. Dijo: «Quiero que ella me ame y, si me amara, que Dios me arranque un ojo y lo ponga en la carita de mi amada. Un ojo mío por su amor».

Cansada de agotarse en las sombras, Doña Ana dejó de temer a sus disociaciones. El ego le dijo muchas cosas que tuvo en su pasado. Recordó el poemita atrevido de Diego, la tierna mirada que escondía cuando sólo fue un paje en el cortejo del Rey. El lenguaje que había crecido en ansiedad se atrevió a verbalizar: Mi cuerpo sigue siendo muy hermoso. Ruy lo disfruta, pero no lo agradece.

Se decidió a no reprimirse nunca más e infinuidad de palabras aparecieron en su vida después de las imágenes dolorosas que soñaba y las pulsiones de su inteligencia emocional, fantásmica, harta de líbido. Quería vivir, no morirse en vida, por la carencia de un ojo. Siempre su mente fue poderosamente figurativa. Le gustaba, por la educación religiosa, lo que leyó y supo de Las Carmelitas. Se esforzó por algunos conceptos connotativos; pero, si el Espíritu depende del descenso del deseo y la líbido en la carne, se pensó muy lejos del éxtasis. Con su esposo, el sexo es un ritual de la impulsividad y el narcisismo.

Don Ruy se encima, con agresividad, la penetra sin verla. No enciende una luz ni para lamerse sus senos, un aspecto de su cuerpo tan hermoso. El no sabe añorarla ni quererla. Por tuerta, le resta plenitud y perfecciones del carácter. Menosprecia su cuerpo.

Entonces, se escuchó del nombramiento. Antonio Pérez será el nuevo secretario del Rey. Está en la misma categoría que Juan de Escobedo. Han premiado su lealtad, se dijo en la Corte. Antonio piensa para sí que se ha premiado su fe. Por sus responsabilidades, en el servicio real, ante él vendrán aún las peticiones que al Rey Felipe II se le hacen. Sabrá acerca de sus asuntos íntimos. Sus preferidos, sus gustos, sus excentricidades, o soberanísimas jaladas. Oirá de su propia boca cuanto habla en torno a la Duquesa de Pastrana y su esposo.

El rey sabe que es un majadero, malagradecido.

Hará escasamente unos meses que oyó lo que éste dijo:

«¡Rey mío, la mujer que casé es muy torpe, inmadura e incumplida! ¡Quiero serle fiel, pero se niega al acto!»

«¿Quieres una concubina? ¡Ténla! Lo concedo».
«Doña Ana no es alegre. En el Palacio que nos díste en Pastrana, se encierra día y noche. A duras penas ante Su Magestad la presento para que cumplamos mis deberes y protocolos, pues ella finge o miente al decir que su cariño de Rey se ha mermado. Se acompleja».

«Haré que Don Antonio, mi secretario, le transmita mis pensamientos. La admiro y la distingo como cuando creció en mi corte y nació de su madre en mi palacio».

«¿Por qué don Antonio y no don Juan de Escobedo?»


«Este hombre es más discreto, religioso y fiel».

El Rey dio una prerrogativa a Ruy Gómez que no ha sido de su gusto. Complicidad real a su lujuria.

«Deshonras una dama porque le falta un ojo, mas, ¿no fue Doña Ana la doncella más bella y amada de la Corte?», preguntó y no le dejó responder. Le hizo señal de que se alejara de su presencia.

E instruyó el Soberano las razones que tenía para que se comunicara a Doña Ana y hacer que volviera al Palacio. Antonio Pérez las comunicó con toda la delicadeza que había en su educación y, aún añadió de su propio amor inconfesado, con discresión para servir a ella de consuelo.

«¿Por qué cree, Don Antonio, que Santa Teresa asevera que se está en pecado al nacer?»

«Pecado es sólo una separación momentánea y temporal de Dios».

«¿Y quién es Dios para culpar el pecado y predeterminarlo en un niño que aún no transgrede, porque vive indefenso en el regazo de su madre?»


«Dios es quien da revelación de ese misterio. Quien enseña el conocimiento meditativo, la vía interna».

«¿Cuándo? ¿Es para otros, no para mí, la revelación? ¿Por qué Santa Teresa la obtuvo y no yo?»

«No esté triste, señora. La Morada de Dios está en todos, Dios es personal y la unanimidad del espiritu humano y sus leyes, viene por causa de la fe».


«¿Y qué es fe? ¿vivir de rodillas, agradeciéndole a Dios que haya perdido un ojo y no tenga el mínimo deseo natural al que el matrimonio me obliga? No soy feliz, don Antonio. Desde los quince años, por razones físicas; por razones morales y emotivas, porque me asignaron de mi edad más tierna un esposo que me piensa menos? ... si, amé a otro hombre....»

«¿A quién?», tembló él a preguntarlo.

«El me escribió un poema; me prefirió sobre las diez mil pastorcillas a la que Krishna hizo el amor; me prometió separar las aguas, si un cominillo de fe surgiera en su alma; pero, palabras... Dios le da la 'mente iluminada' a los Krishnas y las Carmelitas, a los anacoretas y los herejes; a otros, sólo dolor y nos saca los ojos...»

«¡Calla, mujer! No peques».

«Pequé al nacer. Nací en pecado y no se me ha cumplido el sueño que llevo guardado, desde que, en una sesión de esgrima, se me amargó la vida...»

«Dios nos da una oportunidad».

«¡Mira qué oportunidad tan mezquina! Que me veas diez años después sin mi ojo, diez años ultrajada por mi esposo, menospreciada... ¿Dios te ha dado un poco de poder ante el Rey? ¿Para qué? ¿Para que vengas a compadecerme? ¿Te ha dado algo más? ¿Un grano de mostaza de fe para que separes las aguas? ¡No, Don Antonio! ¡Y tan poco que he pedido yo! ¡El ojo, mi ojo izquierdo! ¡O morir!»

«¡No diga eso! Si supiera, mi señora que, si por mí fuera, daría a usted los ojos míos!»

«Médicos y sacerdotes ya dijeron: No es posible».

«¡Sólo Dios hace milagros!»

«¿Qué importa ya que se abra el Mar Rojo o llueva el Maná del Cielo? ¡Son diez años con un parche sangrado y un dolor de mujer que no acaba!»

«Pues yo tengo fe, Doña Ana! Sí, pídale a la Santa».

«Bah… ¿Se sacará ella uno de sus santos ojos para dárnmelo a mí? No sea tonto, Don Antonio. Fe en una santas y santones es fe en algo menos que Dios, o aún menor que un granito de mostaza».


El silencio fue mutuamente hiriente después de lo dicho.

Todavía la vio hermosa. No obstante, intrigante y cruel. Lo comprendió cuando se sacó del corpiño el poemita que Antonio Pérez le dio, 'ay Dios, aún lo guardas'; esto fue como una estocada y, sin evitarlo, a sus ojos los empañaron las lágrimas.

«Amor ya no puedo dar, Don Antonio».

«Yo sí»,
dijo él llorando.

«¿De veras? ¿Amor esotérico, platónico, amor que no sirva de nada? ¿Amor en Dios, amor en mostazas de fe y carmelitas descalzas?», profirió con irreverencia La Tuerta.

«¡No hable así, señora, que cuando fue usted tan niña, me quemaba el deseo de besarla, quererla, desnudarla! y cuando perdió su ojo habría corrido a ofrecerle los míos... ¡No me hiera así que, aún desde mi celibato, la quiero! y no soy un monje...»

«¿Facilita las cosas si le digo que estoy dispuesta a ser su amante? ¡Téngame! Haga que Dios se cobre mi pecado y los suyos. ¡Que me condene de una vez! no, por ser una niña predeterminada en el pecado original, desde antes de mi nacimiento... Que me condene por no haberle amado, don Antonio. Yo misma perdonaré a Dios por sacar mi ojo izquierdo», decía con una pasión más que amarga.

«¡Nunca pensé que me amaras!», dijo Don Antonio, secretario privado del Rey, ahora acariciando el poemita en el papel que más bien sostuvo entre temblores.

«Mi amor ya tiene precio. No es amor. Es sexo. Cuando tenga la fe de un grano de mostaza, sea hoy o mañana, no pedirá ue pierda uno de sus ojos; quizás le parezca terrible. Quiero que mate a mi enemigo, al que me burla y humilla cada noche; al que se va a buscar el placer con una amante vulgar, una segunda consorte. ¡Asesine a Don Ruy, en secreto! y yo daré mi Palacio en Pastrana a las Carmelitas; seré mujer suya, sin condiciones, y me verá en el Convento, en aras de arrepentimiento o de la espera de un milagro», concluyó ella.

Juan de Escobedo espiaba para el Príncipe de Evoli. Informó el amorío de Antonio Pérez con Doña Ana. Incluso se atrevió a chantajearla. El quería sexo con ella y dinero.

Un día al príncipe se le encontró muerto. Lo trajeron al Palacio de Pastrana gente que lo halló en las orillas de un camino. La sospechosa fue su propia esposa. La Tuerta confesó, falsamente, que lo hizo. Lo mandó a matar. Don Antonio la desmintió, sin inculparse. Algo fue mal. El Rey Felipe II decretó la prisión perpetua de Antonio Pérez por su intriga. Tuvo la prerrogativa de condenarlo a muerte; pero, lo llamó ante sí:

«Don Antonio, tuve fe en tí y en ella. ¡Les amo! pero yo soy el Rey bajo la Tierra, Dios les perdone en su Trono del Cielo».
8-12-1986 / San Diego

El profesor


Juan Berga, doctor en mieles y delicias, no cree en el pecado original o, si cree, la adjudica como su causalidad temible a la esterilidad. Como gallito inglés, se aterroriza con la posibilidad de la impotencia. Su leyenda será el mérito de su mosquete. Sin sexualidad, según él, no hay belleza ni sentido en la vida. Sin parecerse a Greta Garbo, una mujer está condenada estéticamente. Si no chupa la verga a su padre, la mujer no estará ungida por el rey Ciniras o los sabios de Oriente. Y dice que Démeter será como un buitre si no pasa las nalgas, o le presta a su hermana.

Si te huelen las axilas, mejor cágate. Ese mundo es muy externo y determinista. Es el mundo de los gallos ingleses. Por eso Lord Byron es su héroe. Se perfuma hasta el culo. Anda muy catrín, en su creencia, porque por los calzoncillos de seda él paga hasta ochenta dólares.

Sin embargo, él mismo está vacío. No sabe comunicarse de otro modo que no sea en función de la cama. Por su egocentrismo y sexomanía, se desvinculó de la gente sencilla, moral y compasiva y, si da la cara por causa de alguno de esos apuros, lo hace entre las sombras... Cree que una casta iniciática de machistas paganos o de putas le develará lo sagrado. «La moral es ajena a lo sagrado», dice él, apropiándose la frase. Es una cita de Paz.

Supone él que hay un desafío out there, at the Academy, al decir: «Yo soy la ciencia, la prudencia, la lógica positiva». No. No hay mérito alguno en tal postura porque él no sabe ni de lo que discursa. De joder si sabe, aunque va ya de picada. Lo incómodo es decir: I am the crazy one... el enemigo de todos los sistemas aceptados de conocimiento verificable. Los irracionalistas y los ruleteros de lengua verde, están en combate y si buen sexo se trata, asegurarse que tiene con qué y funciona.

El invoca y organiza calandracas. Vive en salones parisinos y cafés-chantants con estafadoras y viejas zuzurronas, puras comadres, que son las que le dieron su familla de Juan Mañara. Es también un lounge lizard aferrado a la belle époque de un París del Novecientos que ya no existe. Cuando regresa a México se comporta como el gallito inglés. ¿Ha reparado en su acento de Cambridge?

En México es un gallito criollo pero Del Mónico's, o Jacaranda's o del Ambassador's. Los perros son más honestos. Se cogen en las calles. Estos gallitos implumes se esconden en las sombras. Y no saben de qué carne se hartan. Les pasan gatos por gallinas. Ahora le dan por echarse a las criaditas, pobres gatas indígenas, que una vez se las parcha o medio parcha, callan por la vergüenza y porque no le echen del servicio.

Del extranjero, Juan Bergas viene surtido de unas dosis de pergonal, 3 veces a la semana, cuatro meses del año. Tener esperma en las bolsas de las pelotas importa un carajo a quien lo ve. Ni ya a sus alumnas convocadas a sus calandracas, orgías atediantes, con quien se acompañan o creen en él porque reparte buenas calificaciones a quien le elogie una noche de romance, por así decirlo. No oír Juan ni a sus amigos y colegas, después de todo, será como desligarse de esos erotismos fragmentarios, yendo por uno más pleno, totalizador, órgano por órgano.

19-08-1980

El terapista


Un amigo mío, vamos a llamarle consultante, está asustado por las muchas prohibiciones culturales que hay en su mundo burgués. Lo sé. Teme a las emociones fuertes. ¿Cómo lo supe? Sufre amnesia temporalmente y su adrenalina se excede hasta llenarlo de ira y miedo. El tiene más adrenalina que usted. Sus emociones son más claras y perfectas que las suyas. Además tiene más recursos endorfínicos que usted o yo.

La niña, Miztli González, tiene 14 años de edad. ¿Qué importa? Le dije que se pongan a maullar en náhuatl. Es una buena terapia... Yo no creo en su beta blockers. No soy siquiatra. Quizás el peor de los consejeros. Soy un lame-catechola, o como usted dice catecholamine. Yo lamo, chupo, succiono catecholas, endemoniados. Soy un catecoloh o productor de catarsis. Me enuncio en los periódicos, sin credenciales. Usted lo llama endemoniado. Se pregunta: ¿Será capaz de golpearme, será capaz de romper mis aparatos, será capaz de violar a sus hermanas, será capaz de vomitarse en mi alfombra, será capaz de actos indecorosos?

Vea el problema que él tiene en sus neuropéptidos. Es una calamidad. ¿Se irá a chingar el proceso de la creación porque se encuentre con la boca seca? ¿Se acabarán las aguas de los ríos? ¿Se traerá más azúcares para el xochistle? En algún punto de Tabasco, alguien cultiva el cacao y el achiote y los chinamperos siguen, por tradición, rescatando sus parcelas a los lagos. Y, en Xochimilco, entre el olor a meados de los blasfemos y los alcoholes de los valemadres, crecen las flores... La Gracia provee. Usted da tratamientos de insulina y los azúcares regresan a la amargura creciente. Entonces, en su imaginación, son más dulces que la vagina de González succionada a ternura. Yo soy el mal consejero. Si tiene 14 años, la mentada Miztli Gonzálelez, no está mal que le ofrezcas una mamada.

En náhuatl, hay una palabra para la matriz que es cihuatl, pero yo prefiero nenetl porque ésta es la parte chupable de la vulva. Fíjese que la palabra lengua, el órgano del sabor, tiene la misma raíz. La lengua, nenepilli, se hizo para chupar el cihuayo, el liquido secretado por la cihuayotl o ciyuatl, los genitales femeninos. Esta es una enseñanza de Cefalino Cambujo.

Visité su pituitaria, porque vino a mi consultorio clandestino y le quité algunos recuerdos amargos. También ya chupé de la médula de sus glándulas adrenales. Olvídese que los dolores de la migraña no se repetirán. Me lo tengo bien chupeteado. A la verga no le llego. El cabrón da buenas patadas. Sí, señor. Y te pasa pájaros negros. Es un nahaultin.