Friday, July 20, 2007

Donde te puse

Aquí te mecerás, en presencialidad vertical
de tu presente, aquí, en luz visible
entre violáceos índigos y extremos de rojo-sangre.
Con sospechas de azul y naranja, te cuidaré.
Verde será tu geografía y amarillos, los soles
(y tus lunas, plateadas). Tu invierno tendrá
una mansa calidez de león dormido.
Desde los horizontes pensarás que el tiempo
es el que forja su continnum y da el espacio,
res externa, y donde cada ruido se llamará
alarido, fervor de muchedumbre, alarma
de viles griteríos, donde cada distracción
confunde y nada hay en las ondas que cuide
tu mecida, tu reposo, tu hamaca
de habitante isleño, solitario, valiente,
sediento de Sod / en lo Secreto / y hashlemá
antes que de sable vengador y puñal lastimero,
pues todavía preguntas: «¿A dónde voy?
¿Fue aquí que me pusíste?» ... y te mezo,
¿quién otro, sino yo, soy el que te mezo?

2.


Sólo que cierras los ojos cuando lo hago.
El fotón que te observa soy, Tu Padre Oculto,
quien no vive en los relojes y siega al tiempo
para que seas eterno, aunque ya no lo entiendas.
«¿A dónde voy?», pregunta tu corazón
de ansias electromagnéticas, hijo de Planck
que menosprecia la medida que gravito
dentro de tí, antes que una magnífica estructura,
la Naturaleza dada, te dijera sé humilde,
quebranta el corazón y doy los secretos
del porvenir y el sosiego a fin de que no digas
que te engaño, porque estoy fuera de tí,
distante, ausente, sin un presente
en tu ambición de mundo y universo.

Y hoy te respondo: ¿A dónde vas?
¿A dónde te llevo si te llevo?

Pues vas a donde puedas ser mi contenido.
Vas al calabacín donde quiero tus huesos,
A He-Vau-He-Yod,
al reino de los rayos-gamas,
a mi ultravioláceo asentamiento de futuro.
Ha de ser donde tu propósito y el mío
se concilíen y dispongas de lo real
de Mi Refugio, sin el Jalom de soñarreras
de los Sacer-Otium, sin entendimiento,
donde se refugian opresores y oprimidos,
crédulos de excreta irracional
que al poder deifican en mi Nombre
y a las probabilidades estadísticas del Ser
sinsentido / andamiaje de la Nada /
No-Ser / locura / desamparo.

11-24-90 / De Seth, mi serpiente

La amada de Jai

La novia del Viviente en los sueños de jalón
no se desviste... Pshat, psss... calla mejor
porque la sanchez anda en burros
del camino má(s)ancho y la madre / binaria
hijos puros quiere para la novia pura.

¿Dónde se desvíste, la niña vegetal
de Jai, el Viviente,
dónde Démeter entrega lo oculto
y Perséfone despierta, cuándo comienza
el viaje de esa carroza voladora
cuyas ruedas son energías serpentinas,
alas en cada una, ígneos dragones
que encienden las zarzas hasta que abren
los ojos y los ciegos, al fin, se deslumbran
con la hermosura de las novias que habitan
paraísos de Chesed, en tierras de granos,
prosperidad y abundancia?

La novia del Viviente, sol amante,
para la líbido abre el buen corazón
y canta su Hellel en Luna Nueva
y el Lev Tov se entusiasma.
No se le jala a pasados retrógrados
e inmediateces bestializadas y prohibidas.

Veánla ahora, hijos de Olam haBé,
que viene la arrogante Vulpeja de lo Puro,
la que dio el grano a Triptolemo y dijo:
¡Que coma el mundo!

Que la siembra de este grano
produzca la abundancia. Distribuyan
de mi hermosura productiva, seres agrarios,
creyentes del Discurso Optimista de mis amores
y del Sol que vive, manifiesto, en el ojo
de los hombres que sufren y resisten.

Distribuyan mi sustancia que fertiliza todo
porque dientes me renuevan la sonrisa
y explosiono rayos gamas y hago
que se asome lo oculto: Verdad, Belleza,
Amor de mi volcán de sexo. Es el día
de mis amores con Jai, la gloria
es ese unirse de luna y sol
y hombre y dios,
finito e infinito.

2-4-1987

El hijo inmortal

Pero buena uva es el hijo puro
que se desviste en la pulpa de su estambre,
que se aferra a la rosa de tu Iiah...
Más allá de lo aparente se guarda
su semilla, cubierta en lo sagrado
de su desnudez. Desvestida
de la cáscara del mundo, está calata,
contenida en lo interno de la vasija
y el morral, no anda tan sola.
Se guarda del mulo que no desea
su carga. Del jumental de rigores
y caprichos exoflemos, se distancía.
>
Para inmortalizarse en la continuidad
de la Jomer, materializa su aroma
de copa bendita de árbol, su rosa bendita,
intronchable, y que boca de jumento
ni mastica ni alcanza. Alta va,
hija de estrella, cimiento de sublime huerto.

En el jardín preciso, el Tsad, se encuentra
y con él... el sentido del Sod, lo más profundo,
oculto a la apariencia, el paraíso.
No en toda copa el vino es dulce.
No en todo beso se da, basar veyam.
Con la descomposición del Olvido se traiciona,
pero, ¿quién aspira a tí, Rosa de Iiah,
con cuatro dedos de medida futura,
quién tus siete sentidos en Etz Jaiim,
del árbol busca, quién, Madre de Jai.

Hay fundamentos que no enzalza el que no ve
ni oye ni va ni aprende el lugar donde existes
con silencio, adorable como lo único perpetuo.

Del libro Seth, mi serpiente

La rosa

Ví la rosa cuando mis dedos midieron el vino.
> En cinco pórticos del Jardín, ví la misma rosa.
> Examino el aroma, confiado a la prevalescencia.
> Hasta hoy ingiero el trago del olfato,
> el vino menos tinto y Iah, ¡ah!, bendije
> cuán lindamente creada fuíste para mi consuelo,
> Rosa de Sión, más tierna que un capullo de hibisco,
> más indefensa en apariencia, si no midiera
> con mis cinco dedos las salvaciones que te recubren
> y protejen. Por ellas, gano acceso a tí.
> Rosa mía, no te segaré. Ramito de mi alegría,
> con un beso sellaré el cutis de la dulzura
> que guardas y meditaré: Eres mi cálix
> y la copa de mi bendición en el dominio
> del jardín prohibido...

Del libro Teth, mi serpiente
de Carlos López Dzur

La búsqueda del hijo puro

Yo soy un padre en fuga
y el titipuchal de críos me solaza.
Ni tolondro ni aturdido me organizo;
les doy lo suyo. Les ví nacer con gusto
y les juzgo y soy severamente dulce
cuando amo.

Les veo, les busco en la casa
de la madre que gritaba en los templos.
Con hembras del frenesí,
en plazas y bares, comulgué
y tuve críos. A una mozcorra
de materialismo atributivo,
yo dí una niña, nuestra amada.

Con santurronas, legalistas,
de lógica formal o moral judeo-cristiana,
me acosté en bandidaje;
pero ví el porvenir, yo ví
los hijos perfectos que ya no entran
a revolcarse en el limo
ni en desajustes de identidad
se dan cimientos; yo los bendigo
y les cuento el pasado
(la hora del Hacha
y la cima de Moriah)
con un poco de futuro.

El salto de fe

Dí el salto al abismo
cuando ví la luz que me invitaba
a dejar la caverna del mutatis mutandi.
Del salcocho de cerdos no quise mi alimento.

En rehalas de rebaños ovejunos,
dicté: soy soberano y con sinarcas
que desprecian a mis hijos
y les dan sus sobrantes,
no quiero mi banquete.

Innecesario exordio son
sus prolegómenos,
predicantes de miseria.

Dí el salto de fe
y mi alma era una risa,
la gloria de mi fruto
más amado, el vetarro vencido
en el deslinde, la gruta del deleite
por rutas de movimiento eterno.

http://es.geocities.com/baudelaire1998/esteticasmostrencas1.html

Montano, el hereje

¿En nombre de qué amor
hablaste de las verdades, Montano,
si sacaste el tuétano a la vida,
si en árbol carcomido
transformaste esta siembra humana
que me asedia zurriendo
broncamente
con su homicida alarde?

A las ramas y semillas
sobran los tuecos, agujeros,
y un viento del siglo, sin oriente,
el tronco de mis árboles maldice
y, más allá, a las sombras de reposo.

Los sinarcas, armados con sus lesnas,
me han cercado, me han quitado
esta raíz que eludió dar sus votos de reata
(ya piensa, ya bendice, este corazón
tan ultrajado y prohibido).

Estoy con el vetarro de mis huesos,
añorante de días y propias cuentas
y hecho un mico con espíritu noctívago.

Busqué el monte, sin temor,
la piedra para extender el alma
y alargar la razón de mi ser
y aceitar la mañana.

Pero, ¿quién eres,
hijo de montanada, con qué amor,
si alguno, se escribieron días del fin
del hombre sobre el mundo,
con qué carcoma santa
rechazaron las nupcias de la sustancia
con sus cielos, de qué verdad
o torpe vademécum leyeron su mentira
y me echaron de mis montes trascendentes?

Absolutas y mortales
son tus desgracias, tus blasfemias,
me predican, tu Hacha
es la que hiere geometrías.
Tu voz es la que mata
al Cristo ultramontano.