Wednesday, February 17, 2010

Indice: Cuaderno de amor a Haití



Indice / Cuaderno de amor a Haití



Tragedia haitiana

Les dejo mi diario

Este impulso salvaje que traemos

Cuando hables del Trabajo

Las frutas

Cuando brillabas y eras rey de la forja

La antilla despreciada

Saque de cuentas

El por qué

La historia de un atorrante loco

Hatuey y el Guabá

El primer torturador

Cuando la compasión es tan poca

Este era él

Ofrenda sangrienta

Sin simpatía humana

Los chupasangres

Esperan al asesino con amor

Homicidas y cómplices

11 de septiembre de 1789

Los invasores, 1898

Desacralización del origen

Despedida

Soldado hacia la guerra, 1791

Acto compasivo y revolucionario

Aristocracia iluminada, 1804

Respuesta en Navasse, 1891

Ultramontanos


Un demonio llamado Henri

El templo de la libertad

El desafortunado

Manifiesto emergente de los carbonarios

El trabajador

Moral de trabajo

A cortar cabezas, a quemar sus casas

El altar contaminado

El cimarrón de ojos de fuego

La traición

Rezo del negro con picota

Agradecimiento

En vísperas del Tratado de Ryswick, 1697

El Pacto Gondra

La sangre se hizo llanto y soledad

La que viene

Lamento luctuoso de un padre

Informe del saldo

Repport final / Traducción

The one who comes / Traducción

L' une que viens / Traducción

Calculez-le! / Traducción







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Blog de Carlos López Dzur / Narrativa / Estampas / Tantralia: Libro erótico / Kreole / Cuando brillabas y eras rey: En Librepensador / La frutas / Lamento de un nica común y corriente: El Librepensador/ Ogglie, el soplón / Billie Halladay / Cecilio Echeandía / Orange Juice / Los Giros Serpentinos: Entrevista a Carlos López Dzur / Libro de anarquistas / Carroña en los campos de Gestell / Las Partidas Sediciosas en SS del Pepino en 1898 /

Tuesday, February 16, 2010

Indice: Teth mi serpiente





Carlos López Dzur

Teth, mi serpiente / Poemario

Indice: en Geocities

Parte Una: Malkut / La Tierra


Geografía

La novia sospechada

La verdad desnuda

Enlace

Ella / Isla / la Amada

Expectativa

Mi amada

Queshebet

La niña del pantano

El vampiro y la hembra tracia

Ante la gente tenebrosa

La primera cuna

La caída

Enredadera

Gran lepra

El Gran Cuaderno

El reino de las moscas

Vuelve a mí

La Eva cósmica

Persecusión de la Presencia

Violación de la Presencia

Reprensión para Ishtar

Para que lo sepa Jezabel

Vírgenes verdaderas

La morada oscura / Binah

La amada de Jai / La novia del Viviente

La novia del Viviente

Intercambio

Llénalo todo

La esencia y energía del origen

El derecho al mando y la prosperidad

El ladrón y la Euxosía

La riqueza que doy

Garza de patas largas

Quien cura mis ojos

Los incircuncisos

El Bien oculto



Parte Dos / Los rivales


Serpiente

Alamat, el encubridor

El despreciador

La niña que salta la cuica

Reinas y obreras

Los ángeles

Inmigrantes

Erebrab

Estos mutilados y acósmicos

El profeta

La hebra

El hombre fálico-ascético

Ietzer hater

El hombre curvo

Los amantes

Aparición de la serpiente

Rituales de holocausto

Te juzgaré, Serpiente antigua

Los rivales

Ietzer herá / Impulso del mal

El falso reino

Don Rodrigo, el godo

La tijera

Los egoístas

Ante Yesod

No contiendas conmigo

Isaac el Ciego

Preparación para el día del descanso

Olam ha Asiyá / Assiah

Voy a servirte

Las siete hijas de Eva

A Héctor Soto Vera

Energía cósmica

Oye, Israel

La visita

Areito

El novilunio

Bendición

El reposo

Descansa

La ostra de la sabiduría

A tocar el shofar

Sensualidad

La amada / la Reina

Bet / Señora de la casa

Madre de todo lo viviente

Tierra mía




Parte Tres: El enamorado


Consolación

Enamorándola

Socialización

Dáme más mundo

Zaín : síntesis dialéctica

Zaín y los Cinco Frutos

Zaín olfatea la subsconciencia

Oye

Oye, Occidente

Oye, Israel

Oye, hijo de Jerusalem

El vínculo de Emeth

Los amantes desiguales

Teth evificante

La niña esplendorosa

No te dejaré solo

Ella en la tierra de Geburah

Misterios de lingam-yoni

Donde me armas

El supremo dolor


Parte Cuatro: Los vecinos solidarios


La cajita negra

A los herederos de Jerusalén

Daleth / la Puerta

El Gran Ajustador

Los inmaduros

Formando el carácter

Hermano mío

Ansiedad del pequeño cordero

La promesa

Mi pesadilla

El desfigurador

A paso de afanes

Las esperanzas

Levántate, Lázaro

Quedan por quebrantar



Parte Cinco: Anecdotarios


Narcisismo

La rebeldía

Levántate

¿Qué de malo tiene una tazita de café?

Shevues Shav

La menstruación



Parte Sexta: Demonios bajo el abrigo


Rebelión contracultural

El clandestinaje del resentimiento

Como mártires falsos

El nihilista

Disparando a todos y a nadie

Los rechazados


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Otros libros completos de Carlos López Dzur

El libro de la amistad y el amor

Estéticas mostrencas y vitales

Heideggerianas

Las zonas del carácter: Indice

Cuaderno de amor a Haití

Memorias de la contracultura

Berkeley y yo / novela

El libro de la guerra

El pueblo en sombras / Cuentos

Leyendas históricas y cuentos coloraos

Indice: Epica

Comevacas y Tiznaos: Las Partidas Sediciosas en el Pepino de 1898

El Corazon Del Monstruo: Estampas Y Anecdotario Existencial
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Indice: Las zonas del carácter




Las zonas del carácter / poemario

Carlos López Dzur

Indice


Algo sobre las Zonas


El pez ígneo

Liebres

El cazador

No había culpa

Tú eras la omnipotencia

La que silva por la casa

El ultraje de los paradigmas unitarios

Las vírgenes de ayer

Las vírgenes de hoy

La misión

La acompañante subterránea

La acompañante que abandona

El acompañante incestuoso

Estado paranoico

La vasija vacía

La vasija llena

La vasija rota

El corazón es una tierra encantada

Las danzarinas

Estímulos ontogénicos

El carapacho de la intriga

Eis allos genos / «más allá de la serie»

El beodo de Beocia

El laberinto

Confesión del cautivo a Dédalo

Lo mejor de las memorias

La hija del tintorero

La costurera se ahorcó

Tu araña, Isis

Hílanos para el libro de la vida

Pacto alternativo matriarcal

Las vírgenes

¿Quién atentó contra tí?

El origen del hybris

El parricidio

Soledad primicial

Meditación sobre el hijo de Seth

El acusador

Se llamaba Sheytân

Tentadores espirituales

La moral de los híbridos

El infierno

La tarea

Como pez que se desliza

La ardillita

La hembra de las avellanas

Gertrudis

Recuerdo de un amor adolescente

A Manual Acuña

Animos, Manuel

A la partera doña Monsa

Los opinantes inoportunos

Triunfalismo filantrópico

Los blasfemos

¿Para qué?

Yo sigo de largo

El conejo blanco

Antes que yo me vuelva desamor

Felino desde el alma

El fantoche

Soledad primicial

Táctil demonio del abrazo

La torturada

Los enjuiciadores

La fiera piadosa del meado

La nobleza salvaje

El gen de la violencia

A Antonia Kozberg Cardona

Behaviorismo

Lo prohibido

Incesto solar

Exogamia

La infancia dependiente

El zángano infantil

El erotismo sincero

Déjalo ser

Invitación insinuadora

Timidez adolescente

Lo recóndito

El espejo de los ciegos

El desenmascarador

Las vírgenes

Jodidez y engaño

Interrumpiste el orgasmo de las niñas


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Las zonas del carácter: Indice


Monday, February 8, 2010

La anulación de la confidencialidad / La necesidad de ser honesto

«Quien revela sus secretos, pierde su libertad»:
De la sabiduría popular

a Albert González, procurador de Justicia
de la Administración Bush y defensor del espionaje doméstico

Lo único puro e íntegro que no me ha quitado
la adúltera sociedad en que yo vivo
es el silencio; ya es tan difícil vivir con las lealtades,
difícil esconderlas, protegerlas, perpetuarlas.
Ya para el acceso a lo que llamaste 'lo confidencial'
con rigor de alma fraterna, te lo extraen.
Te lo quitan, te vuelven uno más desposeído,
desposeso de tí: de tus secretos.
El Estado ya no tiene el mínimo respeto
por tu vida, por tu privacía.

Poco falta para que se metan en tu cama
y quieran dormir contigo
los funcionarios del ultraje de vivencias.
Si tu secreto es tu sangre, te desangran.
Otros viven de que sueltes la sopa y no tengas
una vida que llamar el 'ser libre',
la identidad privada.

En el reino del choteo, cada sombra que a tí
pertenezca es interpretada. Te asocian
a cualquier color de culpa, o delito,
o capricho, utilizando un detalle que es tuyo
pero no está completo. Es una pieza
interconexa, hoy aislada, pero, por ella
te condenan. Y después hablan sobre respeto a la persona,
individualidad, el derecho a quedarte callado
para que no te impliques y, sin embargo,
el Estado está lleno de espiones:
el cura espera que tú confieses los pecados,
los tabloides esperan que resbales
para tomar una foto de aparato
que agigante tu caída.

Se vive ya de complicidades enlazantes,
del morbo de traiciones; ya no se sanciona que violes
confidencias; se castiga que no vivas
para las traiciones, que no burles al amigo;
que tengas la noción de autonomía,
de serte voluntario a tus propias protecciones.
Se vive con el reino de los divulgadores.
Tienes que vivir echándote la culpa
para que no te torturen, o pongan
en tu casa vigilancia, o vayan los tabloides
a siquitrillar dizque el sensacionalismo
del que sólo goza el voyerista y el desvergonzado.

Tu vida es alimento de rumores.
A tu privacidad, por bribonadas, la harán pedazos
o carroñas de puercos. Diseñan shows en la tele,
o la radio, para que te asumas el peor
de los payasos, hazmeir de las chusmas
en un circo romano y te dén unos pesos
y luego te vayas al carajo,
porque, en la sociedad capitalista,
todo es política de dímes y diretes,
lucro por lo sucio, el crimen, las disfunciones.
El SIDA de Rock Hudson vende
y si es Gay, vende el doble,
y lo triste es que la mayor parte de lo que de tí
se husmea no sirve para nada, no protege
ni tu vida ni la ajena. No da ejemplaridad edificante,
sólo humilla y duele a quien lo sufre.
Vale lo mismo decir una mentira.


30-09-2003 / «El libro de anarquistas»

<>


La necesidad de ser honesto

Cuando vengan con coacciones a tu vida,
si te tocara revelar tus secretos,
abre la boca bien como una O de infinito
y sé honesto porque la honestidad
lastima, revienta, humilla
a los intrusos, a los grandes valemadres,
a los mentirosos. Dáles guerrilla y terror
con las bombas exterminadoras.
Tira verdades contra sus muros de atropello,
sus paredes de artilugios.

Las verdades matan más que los balasos.
Dílas con la elocuencia de su preciso argumento.
No añadas adornitos, subterfugios.
Házlas proyectiles, con consecuencias
expansivas, dolorosas. Súrtelas valientemente.

Esta sociedad envilecida ya no merece
mentiritas piadosas y solemnes baratijas
de sutil retoricismo. Es la hora
de las verdades, porque ya no puede
estar más jodido el mundo con tanta hipocresía
y sueñito americano de pendejos.
Es hora de hablar y acabar de una vez
y para siempre el hermetismo.

12-01-2004 /

EL LIBRO DE ANARQUISTAS

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Enrique Cebollero y sus aventuras: Horacio Hernández Campán / Cheo el Oso / Edgar J. Crespo / Estéticas mostrencas y vitales: Indice / Cuando la metáfora es un laberinto: Carlos López Dzur / Heideggerianas / Cuaderno de amor a Haití / El libro de anarquistas / Tantralia / El ladrón bajo el abrigo / Lope de Aguirre y los paraísos soñados / Teth, mi serpiente / El libro de la amistad y el amor / Memorias de la contracultura / El Libro de la guerra / El hombre extendido / Canto al hermetismo / Esteta caribeño: Carlos López Dzur / Tarea escolar: Carlos López Dzur / Unión Hispanoamericana de Escritores: Carlos López Dzur / Tesis y monografías: Carlos López Dzur / Entrevista con Carlos López Dzur: PDF / Oggie: el soplón más grande del mundo / Yo soy la muerte: Carlos López Dzur / El gringuito querido / Cochinero / Fanny Jaretón: Una visión / Carlos López Dzur / ¿Qué es la muerte? / Carlos López Dzur / El optimismo de Vallejo / Carlos López Dzur / Anarkia.CL

Tuesday, January 12, 2010

Sequoyah 41: Contenido y colaboradores


La revista Sequoyah Virtual anuncia su contenido y autores incluídos en su edición 51

Contenido 51

Crítica del agravio moral, cosificación y reconocimiento
En torno a Axel Honneth
/ ensayo

El optimismo de Vallejo en un poema

César Vallejo

Hoy me gusta la vida mucho menos / poema

Mario Capasso
Flores son amores / cuento

Iris Miranda
Tánatos
Ante el oráculo del espejo
Invitación

Frags. de «Los escritores inútiles»

Carlos Daminsky
El hombre sin párpados
Desdicha gramatical

«Para escribir hay que estar chiflado»:
Entrevista con el poeta Carlos Daminsky


Éktor Henrique Martínez Hernández
Crisis de la cultura y cultura de la crisis
Poesía como un montón de mierda

Alejandro Vórtice
Fantasía / prosa

Alicia Fontecilla Aravena
Muerte / poema
Mística / poema
paroles d'une femme terrible
dédié à ma chère loup, Javier Monroy

Alicia Fontecilla Aravena:
Una entrevista con Sequoyah Virtual


Liliana Varela
Hay Días / poema
La llegada
Gente que trabaja
El final adecuado / cuento

«En poesía son necesarias: musa y trabajo».
Entrevista con la poeta Liliana Varela


Carlos López Dzur
Cosa de púgiles / cuento
Aproximación al «Libro negro» de Carlos Daminsky

Fanny Jaretón
Porfía
Navi/amarte
¿Quién eres?

Arturo Cardona Mattei
Haití / poema

La revista está abierta a colaboraciones en los renglones de poesía, cuento, ensayo. Colaboraciones se envían a baudelaire1998@yahoo.com



Monday, December 21, 2009

El Milagro de Navidad / cuento


Paulatinamente, Evaristo se dio cuenta que estaba «investido de poder». El dios, a Quien sólo recordaba para echarle maldiciones, le encomendó un rayo mágico, poder mental o concentrativo, con el que desde su cabeza, al sólo vibrar una mala intención, lo que fuese venganza se materializaba. No había necesidad de matar, o maldecir más. Si funciona así es porque Evaristo es meramente ignorante, fatalista. Un hombre ordinario de los que, en el mundo, todo le cuesta trabajo. El dice que, aunque lo persiga la desgracia, cumplirá los dos mandamiento esenciales, lo que él puede. No matar, no robar. «Los demás que se los metan por el culo».

El no puede honrar a quien no vive ni ve. Ahora, si lo piensa, perdió a los padres y cercana parentela en un terremoto y era tan niño. De tanto meditar en que el mundo no tiene salvación ni remedio y que la Naturaleza mata poco a poco, además de aprovechar los errores humanos, tiene su memoria la fuerza del terremoto que hizo desaparecer su ciudad natal.

Ha puesto a prueba su poder. El mueve objetos con su mente. Los pulveriza. El fue y destruyó el puente, bajo el cual durmió meses, sin que nadie le trajese una torta en semanas. Tuvo sus pies hinchados, sangrantes de caminar, se arrastró sin esperanza y con mucha hambre y, recordándolo, cuando reconoció su poder, vara mágica de Moisés en su alma, dijo: «Destruyéte» y el puente se vino abajo por causas no explicadas. A nadie Evaristo dijo: «Materializo destrucciones al maldecir; pero, yo no soy malo ni bueno».

Esto es definitivo. Lo han investido del poder destructor que la Naturaleza tiene en sí. El no es especialmente merecedor de privilegios divinos. Ahora cree que tiene éste y lo llama la Fe, o a veces la anti-Fe, y cuando dice Anti-Fe y anti-Cristo, como ha visto en películas, si alguna iglesia está cerca, con una cruz visible, la Cruz se cae y es el rayo mágico de Evaristo. Se cae aunque él no vea al momento la imagen cuando se hace trizas.

Si se ha acercado a las iglesias, ha sido por hambre. No para tirar altares o cruces delante de sus portales. Su oración alguna vez fue un «dáme» (una frazada, una latita de alimentos, albergue supervisado por causa del terremoto, o algún otro evento trágico, su emergencia). Y él da 'las gracias', si algo consigue, y se va. O se iba. Tal vez haya sido virtud suya que no sea aprovechado ni hipócrita.

Hoy se levantó, quisquilloso y susceptible a sus lastres emocionales, por el mal dormir y se topó con alquien que siempre llevara una Biblia que huele a sobaquina y sudores del brazo. Una vieja religionera, de esas que se dan golpes de pecho. Son varias las veces que ella lo maltrató con palabras en la calle. Ahora, tan ufana y quitada de la pena, le cruzó por delante y susurró. «¡Dios le bendiga, señor!» Ni a él, por su experiencia, habría gustado que otro doliente recibiera ese Dios le bendiga que ella da, porque, al parecer, tendría que estar encumbrado con el don del éxito y la respetabilidad para que verbalizara tales bendiciones.

Suerte. Hoy está apto. Aleluya. Se bañó, se rasuró meticulosamente. Ahora no será humillado ni privada ni públicamente. Evaristo tiene ya un empleo. No está en fachas. No será ejecutivo o burócrata; pero ni siquiera tiene la pinta de pordiosero que tuvo antes de este diciembre. Aires de Navidad. Jamás lo había pretendido con esta consciencia de poder o envestimento mágico.

La recuerda en los predios del mismo templo. El se acercó a ella, tan digna y bien vestida, como él hoy, y escuchó cómo disparó su desprecio por la vagabundería y el desaseo personales. Ni pensarlo que ella lo dejara entrar y llenar de pulgas, o sabe Dios qué microbios, el interior de la Iglesia.

«Entonces, con finas palabras, me dice que yo me hinque en las ventas del carajo, ¿es éso? ¿Cómo putas quiere que me bañe si vivo en los mugres rincones, bajo un puente, si no se me quiere a la luz, siendo yo una cucaracha?... Si ahora ando descalzo, señora, no es porque soy vagabundo. Soy un ciudadano en muerte, desempleado... y me equivoqué. Este templo no es para desafortunados». Prometió que no volvería a entrar a ninguno ni por un mendrugo ni cuando repartiesen cobijas, por «amor a los damnificados».

Madrugó con este recuerdo. Ahora que la vio, ella se atrevió a decir que va hacia el lugar donde se reciben bendiciones, donde se reúnen a dar gracias los benditos y a planificar «Buenas Obras» para el prójimo. Claro, la «iglesia»; él sabe donde ella va y no necesita de tantas metáforas sospechosas para que entienda a una hiena, vestida con piel de mojigata.

«Pues, si quiere, le acompaño».

«Sí, venga. Es el lugar más libre de la Tierra».

Todavía tan hipócrita y él la juzga en silencio. Evaristo se aguantó el malestar de verla, sin revelar su identidad y su odio. Dedicó su remanente de energía a concentrarse en la cruz del Gran Altar. Bien que lo rememoraba y quisiera verlo en pedazos. El conoció el lugar y ni siquiera lo maldijo aquella vez, hoy puede, siendo que se le dijo, «no traiga sus pulgas ni microbios» y en amargura lo guardó como recuerdo. Entonces, estuvo tan cansado, tan débil, sin ánimos afirmativos en su alma, que ni discutió; pero, esta vez será diferente.

Acompañado con la mujer de su antipatía, Evaristo entra. Va sintiendo el crescendo de unas ondas vibrantes que crepitan. A ras del piso, a sus pies bajo la superficie, él siente como aguas turbulentas que se embravecen desde algún fondo invisible, Aún más según va yendo hacia el altar. Debajo y a la largo de sus senderos, Evaristo las siente como a sus propios pasos, pero el proceso es subterráneo, oculto bajo del piso enlozado de la Iglesia.

Sucederá. Es el rayo mágico. Va a caer esa cruz desde la pared. Caerá y destrozará el altar. Lo supo. Lo declara la energía intensa y reconcentrada: un temblorazo viene. Catstrofe en marcha, con agua y fuego. Explosiones, estallidos de las cañerías, paredes que se desquebrajan, pisos que revientan y se hunden. El no los ve. Sólo los siente, como Anticipo meditorio de la fuerza del rayo que domina.

«Yo llamo a aquel Altar, con su inmensa Cruz de Oro en la pared, el lugar de las bendiciones, y mirando hacia esa cruz, antes de sesionar, oramos para que discernamos cuáles han de ser las buenas obra que debemos planificar», dijo ella a Evaristo, quien se detuvo al ver que un niño corrió por su costado. Fue a colocarse ante el altar, juntó sus manos y oraba.

Era un niño hermoso, como ese que pintan en las estampitas en medio de un pesebre. Y se miró en su prisa con miedo.

«Venga, no se detenga. Unámonos a la oración. Ese pequeño nos da ejemplo de devoción intensa, desde temprano en las mañanas y en su vida. Es el hijo del Pastor. A veces ora por horas».

Evaristo lo mira, enternecido; pero el rayo ya fue activado por la antipatía que él sintió al toparse con la mujer.

«Hágame usted un favor, si quiere usted tanto su altar. Traiga a ese niño aquí y corramos».

«¿Qué dice usted? ¿Corramos? ¿Que salgamos?»

«No hay tiempo que perder. No manche ni la cruz ni el altar con sangre».

«Le juro, no entiendo».

«¡Vaya, vaya! Llámelo, Tráigalo a mí, Aquí la espero».

«¿Cón que derecho interrumpiré la oración de ese niño? Eso me metería en problemas con su padre...»

«¡Hágalo, carajo! y salgamos».

Al levantar el tono de su voz, el temor de la mujer la hizo reaccionar. Fue hacia el al altar, susurró al niño y salió con él por una puerta lateral, más cercana a la salida. Fue mejor así. Que Evaristo no supiera que la mujer lo pensó un secuestrador, o robachicos. Afortundamente, ella no lo que dijo a la prensa cuando opinó sobre lo sucedido.

El templo quedó reducido a escombros. Los periódicos vespertinos describieron casi similarmente que el evento
:

«Una avería eléctrica, en el fondo de la sección central del edificio, despedazó la superficie, sumándose el efecto destructivo originado por un incendio y sucesivas explosiones, un violento brote de aguas que fue inundando y desgajando cañerías de cablaje eléctrico, abriendo el piso y paredes. El altar de la iglesia parecía retorcido, tras la explosión que tiró violentamente la pesada cruz de oro macizo. La Virgen se hizo añicos. Afortunadamente, en horas tempranas de la mañana, la Iglesia había recibo a muy pocos visitantes. Cinco minutos antes de la molicie, una ayudante administrativa del Pastor XY y el hijito de éste, de sólo siete años de edad, abandonaron la iglesia, rumbo a la casa del pastor, a dos cuadras».

Días después de que Evaristo activara el rayo mágico, en una edición del diario local se especuló que la única víctima de la Extraña Explosión en la Iglesia, fue él, aunque no se le identifica por su nombre, sino por su oficio: Guardia de Seguridad, 50 años, estado civil desconocido, residente de la ciudad, sin expedientes criminales.

La vocera parroquial, o Señora X, afirmó que habló con éste sujeto Y, y lamentó la tragedia de su muerte y las cuantiosas pérdidas materiales de la Iglesia. No obstante, explica que fue «como una experiencia angélica lo que hemos vivido» debido a «la irrupción de este mensajero divino». Evaristo no sabe que se le ha llamado «Hermano heroico, porque salvó las vidas de ella y el niño».

2009 /

SALUDOS DE NAVIDAD

Tuesday, December 15, 2009

Saludos Navideños




Las publicaciones:

SEQUOYAH VIRTUAL

LA NARANJA / DE OC

CARLOS LOPEZ DZUR

BLOG PERSONAL


les desean FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AñO NUEVO a sus colaboradores, lectores y familias

y a todos sus amigos: CARLOS LOPEZ DZUR y familia.