Friday, October 9, 2009

Indice: Sequoyah 42 / Contenido y Colaboradores

Sequoyah Virtual

En Homenaje a Mercedes Sosa

CONTENIDO 42

Pilar Villalba
«Si se calla el cantor...»

Aníbal Rodríguez Vera«No aflojes negra, negra no aflojes»

Siboney del Rey
Un poema para Mercedes

Carlos M. Valenzuela
Todo cambia / A Mercedes Sosa

Salvador Pliego (México)
Oficio del cantor (a Mercedes Sosa)

Miguel Longarini
Mercedes, usted no se va

Diana Poblet
[(ELLOS Y YO)] La máxima

Luis Alberto Battaglia
A Mercedes Sosa

Marco Antonio Rosa
Recado a Mercedes Sosa

Se apagó la Voz de América, Mercedes Sosa

Gustavo Robles
A la Negra


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Revista de Difusión Cultural
Abierta a colaboraciones en cuento, poesía y ensayo

Friday, October 2, 2009

Su menú de palabrejas

Para tener una ideología contemporánea
con la que pueda llamarse adversario por principio
y jactarse de tener / en nosotros /
a su léxico añadió el menú de convenientes palabrejas:
el subversivo, clandestino, oveja negra,
el que nunca ha de ser ente fraterno
o querido, el comunista, masónico,
enemigo de Fernando VII El Deseado,
el foráneo sacrílego, enciclopedista,
descreído afrancesado, racionalista,
calvatrueno, incendiario, ateo...
inventores de paso del Estado Laico,
la decadencia de la Iglesia,
el independentismo
de las viejamente adheridas regiones
cantonales,
autores de la Guillotina,
impusores del esplendor revolucionario
del 1789 en la Francia jacobina.

Y usted viene derechito al odio
(sin ningún referente de su sucio pasado)
a recordar la revolución de La Comuna (1870)
y a asegurar que dos masones inventaron
el himno de La Internacional socialista en 1871.
Usted viene a recordar lo anticatólico
que somos y lo inhumanamente anticristiano
como si usted no tiviese represores
ni errores en sus expedientes...

Usted que favorece una moral
autoritaria y dogmática
(la misma que nos diera la hoguera,
la Inquisición, las censuras aberrantes
que han durado siglos... usted que no entiende
por qué a nuestro arquetipo se expulsó del Paraíso...
ahora pues, ya tiene un menú de palabrajes
y nos negará un posible vínculo con otros
sobre la base del conocimiento, el cuidado,
el respeto y la raíz, sin la cual no hay sentimiento
que nos ofrezca pertenencia
ni sentido de identidad.


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Las Letras del mal / Unión Hispanoamericana de Escritores / Letras kiltras / Mandalas de Poesía / Parnassus / Blogosfera: Carlos López Dzur / Revista Sequoyah /

Thursday, October 1, 2009

Indice: Sequoyah 41 / Contenido y Colaboradores

La revista


Sequoyah Virtual



anuncia el

Contenido 41 y colaboradores


Tatiana Pérez Rivera
La delicia de Poe en español

Edgar Allan Poe
Eleonora

Julio Cortázar
Aplastamiento de una gota / cuento

Fanny G. Jaretón
Sensiblemente
Vocalización
Contínuo alegrato
Porfía

Rolando Revagliatti
¿Y... cómo anda la poesía?
Armé

Carlos López Dzur
Más vale maña que fuerza / cuento
El poeta que preserva la unidad

Pedro Du Bois
Ouvir
Credo

Arturo Cardona Mattei
Alma Dolida

Nicolás Hidrogo Navarro
La Nueva Narrativa versus la Poesía Lambayecana

Marcos Reyes Dávila
Una ciudad quetzal de este Zelaya

Eduardo Espósito
Tabula Rasa
Soneto descarnado

Laura Yasan
La poesía de Eduardo Espósito

Revistas amigas


Sequoyah Virtual

Abierta a colaboraciones: poesía, cuento, ensayo

Monday, September 28, 2009

De la historia yugoslava

«Tú te quedas con tus libros y yo con la realidad»:
María Fischinger
En un sistema de vigencia que se quiera llamar
la realidad, la vida, el dolor que siento,
la historia de las etnias y los provocadores,
la historia de matanzas y lealtades calladas,
obediencias suicidas, cautela... hay que tener cuidado.
Todo a su tiempo sale a la luz.
No hay verdades oficiales por siempre,
se quiebran, sale lumbre, o en su defecto,
tirria y lamento, más cuchillos
de corazones que se dijeron conmovidos,
limpios, inocentes, inocuos....

Muchos de los espejos se desaparecen.
Hay sombras a medias que cruzan el camino,
copias borrosas de Verdades
que se dieron por ciertas y aclamadas.
Hay tramas de acontecimientos
que ya no se asoman con su culpa
a los tiempos, decisiones que se quedan
guardadas para que a ojo pelado no se vean.
Cautela: la realidad, la vida, tiene
laberintos y es un hueso duro de roer.

Entonces, en tiempos desmemoriados,
tiempos de actuales generaciones inocuas
que sólo van por la ruta de los fósiles
sin el conocimiento de qué van a hacer
con ellos, entonces, en tiempos
cuando los muertos no hablan y a nadie
le importa en rigor más que el mero ver
en el fondo de las fosas vacías,
o sobre las osamentas sin fosas y sin lápidas,
el preguntante tiene que ser
el que investiga, el que rastrea los libros
y olfatea los datos, como el más acucioso sabueso,
el que va al corazón de los viejos, corazón
tendrá de verificador del que miente,
el que va a la charla de la élite directora,
a sus archivos que documentaron secretos,
eventos para el andamiaje de ese jalón histórico,
se acercará a la voz inescuchada,
oirá el latido del que ya no vive.

No hay que tirar los libros,
m por mal escritos que estén.
En la historia, hay datos perdidos,
mal leídos, saltos de la censura o la verdad
que no se quiere; ocultas entre páginas de libros,
hay memorias de manos temblorosas,
hay cartas del tradicionalismo,
hay tinta ya seca de probables perspectivas,
lamentos de situaciones cósmicas,
ayes de gente asustada
en medio de la encrucijada.

2.


Usted puede estar allí, en la misma Banovina de Croacia,
materialmente presente, y no querer ver la Italia facha
ni la Alemania Nazi; usted puede ver el cadáver
de Vlako Macek y gente de su partido
y no atreverse a decirle:
«¡Títere, marioneta,
te administran, te arman, te controla
el poder totalitario, el chusco militarismo,
la clique de los pervertidores!»


Ahora sólo en los libros se detecta
la Eslovenia anexada por los Nazis desde 1941
hasta el fin de la guerra; Croacia y Montenegro
por tres años anexada por la Italia fascista
en días en que Mussolini invade Grecia
y a un príncipe, de 17 años, Pedro
bendito de los chetniks
se le pide que comprenda su mundo
cuando apenas comprende la razón
de sus barbilampiñeces.

Si tiramos los libros debajo de la cama,
¿cómo se desmentirá al que hoy pide
que se olvide el pasado y se asignen a los asesinos
tratos de patriotas y prohombres en el presente Estado?
¿Quién recordará cuando Croacia independiente
fue satélite del nazismo, no república,
quién asentirá que fue regida
por la milicia fascista de la Ustaše?

3.

¡Se ha sido duro en Yugoslavia con gitanos!
... pero el libro que no miente nos recuerda los húngaros
cayendo, con alemanes e italianos, sobre la capital,
Belgrado, porque en obdiencia de rebaño
somos nadie, matamos, invadimos, escupimos
al prójimo, hacemos uniformes y puñales,
fabricamos las balas, la pólvora, la infamia,
mentimos, nos cagamos, maldecimos,

y después nos deshacemos del libro que nos mienta,
que nos recuerda lo que hicimos,
aunque no hayamos pretendido ser católicos
ni nazis, ni fascistas ni colaboradores...

No, yo no esconderé el libro
que ilustra sobre la responsabilidad
de lo que somos, o fuimos...
a fin asumir este dolor que la historia
señala con el dedo, desde el primer Caín,
el fratricida... Todo pueblo es realidad
más que suficiente y la vieja Yugoslavia
es una parte, mi pueblo, mi pasado,
aunque no esté presente
y tan presente está que un libro, escrito
en cualquier lengua, viene y me dice que los nazis
ocuparon Bosnia, Herzegovina, territorios adicionales
de Serbia y Eslovenia y que se sumaron
búlgaros, italianos y tropas de las tierras
donde abundan gitanadas; yo no puedo esconder
el libro que me habla de campos de concentración
en Croacia, construídos para serbios, bosniakos,
judíos, gitanos, comunistas, anti-fachos
y todo quien se oponga a una estrecha visión
de naciones que han advenido juntas
a la meta de convivir, respetarse, y no quieren
hacerlo, por la razón que sea.

4.

Los libros me instruyeron que los chentniks
de Mihajlovic son sectarios. Sólo su Gran Serbia, existe
y por un pedazo de esa tierra degüellan, se venden,
ocupan su escaño, aceptan una alcaldía de aldea,
se agencian darse al mejor postor en cada caso.
Son la generación mezquina de homofóbicos
(y yo si hallara y presenciara sus fosas,
seguro que sabría por qué su hedor es malsano).

La Pan-Yugoslavia, étnicamente mixta, inclusiva,
integradora de los partesamos, también está en los libros
y su líder fue arquitecto y liberador
de una Tierra entre Imperios,
húngaros y austríacos, pero es una tierra triste,
con muchos asesinos y muchos invasores,
con mucha gente que arrastra su sed
de soberanía hacia el mismo abismo
que su exclusivismo, porque no han aprendido
los que allí moran otras cosa
que obedecer este peculiar mandamiento
de los siglos: «Separa, aliena, despoja, excluye,
saca al albano, créate enemigos, desintegra,
desarmoniza, olvida, esconde».

27-09-2009 / De El libro de la guerra

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Thursday, September 17, 2009

La Tertulia de La Central

He sentido dolor de la existencia. Me ha parecido amarga esa lucha fatal en que se agitan en ruda convulsión todas las razas... Pero yo tengo un corazón valiente... Me agito en el deber sin temer al dolor y la desgracia porque sé que es cobarde quien se rinde y no puede triunfar quien se acobarda... Juan Avilés Medina (1904-1994), en A mi aldea


En los primeros decenios del siglo XX, poquito antes del '20, aquilatándose en plena Depresión, don Manolo Méndez Liciaga abrió La Central, una de las primeras farmacias de Pepino. Allí, Francisco Rosado y Don Manolo, establecieron una tradición: reunir en las noches a los viejos y los jóvenes, montar el diálogo, recontinuar lo que, espontáneamente o por necesidad, tenía que darse para que se organizara el futuro, se creciera consciente y moralmente y la responsabilidad individual y colectiva diera frutos. Porque Pepino, decía, con justicia don Manuel Méndez, ya viejo, no fue un pueblito fácil. No siempre ha sido próspero y feliz. Y, ciertamente, no lo fue entonces. La niñez y juventud del pueblo estaba lombricienta, mucha anemia, uncianariacis, neurosífilis y hambre.

Los poderosos de Pepino han sido rencorosos, excluyentes y arribistas; mucha gente hay que da codo, te hablan por los colmillos, te muerden y te maldicen en privado y sólo se preocupan por lo suyo.

Alguno, más desesperado que optimista, llegó a La Central y abrió su alma enferma: «¿Para qué preocuparnos y mucho hablar? El Pepino vale dos pepinos y los gringos nos tienen del pescuezo. Las familias dan muchos políticos, pero no dan pensadores ni gente que trabaje».

«A los pensadores del porvenir hay que hacerles escuelas por de pronto».

«Y matarles el hambre».

En La Central, a fin de que cambiaran muchas cosas, don Manolo hizo un llamado: Todo el que quiera al pueblo y tenga el tiempo, asómese en la noche. Este es el centro, el círculo en la gracia del progreso. Aquí vamos a vernos sin tapujos. A mostrarnos democráticos, a recordar y querernos.

Años antes, más de medio siglo antes, hubo tertulia por igual y aún sociedades secretas y cofradías; pero, por las persecuciones contra el liberalismo, también choteo y mala voluntad. Lo peor ha pasado. Una pena: ya desaparecieron hasta los casinos obreros. Se acabaría el miedo, tras el pánico de 1898. Quedó más que miedo la apatía que es la peor de las desmoralizaciones; fantasmas de los peores enemigos. En 1892, la tertulia ya existía en Pepino y parecía una cosa de parentescos, porque Juan B. Angulo Liciaga, desde adolescente, fue parte de ella. La Botica de Arcelay lo inspiró, lo mismo que a Domingo Liciaga, socialista, gente que quiso hablar, tertuliar, educarse en la mayéutica de grupo y no encontró con quiénes. Entonces, como chicuelos que fueron, buena escuela, sino la única posible, sería aferrarse a la sorda a la plática con viejos, oyéndolos tal vez y por de pronto. Oirles en la esquina caliente de un establecimiento.

El boticario Antonio Arcelay Arrillaga enseñó a Juan Bautista a despachar medicamentos. Juan aprendía de todo el mundo. Los Juarbe y Liciaga, de los que Don Manuel fue uno, tuvo la misma actitud. Gente así educará pueblos, sino dentro de las aulas, a la sombra de los árboles. Ellos comenzaron escuchando al que sabe; más tarde, fueron como maestros. ¿Quién conoció primero a los que escriben, a poetas y prosistas? ¿Quiénes? Ellos los Liciaga, los Angulo Liciaga y Andrés y Manolo Méndez, en sus tertulias y ¿antes? boticarios con tertulias, improvisadas entre mercadería y potes de farmacia, porque un casino para jugar a la baraja, o dar grandes bailes por Navidad o el Santo Patrón para la gente blanca y recelosa, puede que sea para que Mislán o Acosta lleven sus orquestas y se disfrute la danza, pero, como decía don Manolo, no para que se escuche a Moncho Lira, no para que se discuta libre y críticamente el discurso de Barbosa, o Barceló o Muñoz Rivera, o todo lo que se haya ventilado en la tribuna de la Plaza de Recreo. No es que se grite por escuelas públicas y enseñanza para el pobre y la gente de campo en la botica y que don Manuel se jacte de haberlo sugerido primero.

Sí. Cualquier lugar central, por su medio y su espíritu, puede ser foco de conocimiento. Don Manuel hizo una escuela, o convocó al areito desde el ’20, si así queremos verlo. Una escuela, simbólicamente visible que se llenó de viejos. Una que no discriminó a ninguno que llegara. No se cobró un centavo ni se tenía el ritual del rezo. O de saludar la bandera. O resonar las campanillas. No había que comprar libros. Ni tomar notas ni regresar con cuartillas con temas asignados. Allí estuvo el ateneo originario, uno para el clasemediero. A La Central de Méndez y Rosado, asistía Angel Franco Soto a preanunciar sus nuevas, «la tuberculosis se cura, Manolo». Sí, desde el primer lustro de 1920, se apasionaba el doctor Franco con la idea y el empeño. Allí, entre amigos, contó amores y aventuras en España. «Las gallegas son hermosas, Francisco».

Franco estudió en Santiago de Compostela. Las vio, se enamoró. Supo de lo que estuvo hablando. Juan, su alter-ego, recordó el pasado.

Franco Soto, en materia de damas o de medicina, encarnaba las reflexiones del panteísmo idealista de Hegel. Para él, el mundo tal como nos es dado, es la realidad y, al mismo tiempo, su belleza como manifestacion sensible de la Idea. Tuvo pues una concepción espiritualista del arte y la ciencia; «la realidad puede ser muy bella, Manolo».

Miraba pícaramente: «Con una damita al lado», «una que sepa de pasiones, una gallega».

«¡Te crees todavía un polluelo!», le decía un viejito, maestro rural, Fermín B. López.

«No es éso. Es que las mujeres curan, cuando no castigan. Este es un secreto muy bello».

«¡No hables de vejeces. Aprende del doctor, mijo».

A pesar de que lo eterno se hace manifiesto en el tiempo, Franco no creyó en el ser-en-sí como una voluntad irracional de la que sólo resultan apariencias o manifestaciones ilusorias. «Lo ilusorio no consuela. La felicidad que me la sirvan con resultados prácticos. Con carne y hueso. Lo que pasa es que hay más hambre que carne en la cazuela y la poca carne está enferma».

«Ya corrupta, infectada», agregaron.

Que se reunieran, tan buenos lectores como Franco Soto y Miguel T. Font Díaz, después de su regreso de Utuado y Arecibo a Pepino, convertía la tertulia de La Central en más importante que el Ateneo que en San Juan se fundara por Manuel de Elzaburu. Ahora Tasador de la Propiedad en el Distrito de San Sebastián, Miguelito aportaba sus inquietudes. El listado de filósofos invocados por Font Díaz, Miguel Cancio Cores y Franco, pasaba de Hegel a Kant, de Nietzsche a Schopenhauer.

Font Díaz se autodesignaba un empirista interesado en la belleza de la flora, en materia farmacéutica como los Rabell Cabrero, Cancio, Méndez y Liciaga, y en los aspectos sociales del alcoholismo. A Franco Soto, el tema de los alcohólicos y espiritistas, provocaban el hegeliano divinizado que había en él, aunque la tuberculosis de su pueblo, aludió la necesidad de un super-hombre nietzcheano, cuya virtud fuera la confianza, el valor y la energía, no con los pies en la ilusión, sino en la ambición de progreso.

Miguel de Jesús Martínez, contertulio puntual de la botica, colector de Rentas Internas en el municipio, fue jovial. Le echó gracia, salero y franqueza, a las reuniones. El supo quien es pobre o rico. Supo si sólo presumen de tener o están lamiendo platos.

A La Central, a la escena dialógica de los viejos, llegaba todo tema, todo chisme, toda alegría y sufrimiento. Las palizas que los padres daban a los hijos. Los complejos de ser mestizo o negro y ser casi invisible por serlo en el pueblo. Veinte años atrás, en 1900, un censo dijo que había 296 negros de ambos sexos, gente que había sido esclava o hijos de esclavos, y todo el mundo los vio. Eran útiles para su dueño, o aún libres, fieles al amo que les contratara. Después, pasado el tiempo, por causa de las partidas sediciosas, fue preferible ni mirarlos. A los 1,500 mulatos (que se censaron en 1898), mejor sería ni saberles los nombres ni apellidos. Querrán pasar por blancos y herederos. El régimen ha cambiado pero no el resentimiento. Al Pueblo que no suban. Que se queden en el campo para no saber de ellos... No vale la pena indicar quiénes dijeron estas cosas; pero don Manuel y don Andrés Méndez Cabrero quiesieron que se digan.

La Central es el lugar donde alguien expone o suelta lo que siente. Se saca el veneno. Se libera de ese dolor. Precisamente, éso es lo que ensancha y profundiza la tertulia como el proceso más necesario del civismo y las relaciones humanas. La dyada. La relación primaria con otro y de otros contigo.

Aquellos tiempos de La Central, con su tertulia, fueron los de Manuel Rivera Negrony, Narciso Rabell y Antonio Sagardía Torréns. Por tanto, muchos viejos no quisieron la relación primaria y recíproca con el otro menos consabido. La dyada filosófica no es mística y subjetiva. Requiere una reciprocidad racional. Un sentido explicativo que defina los principios de la realidad y unos viejos comenzaron a retirarse, al escuchar que Pedro y Getulio Echeandía Vélez no quieren que nadie vaya a reunirse con enemigos del régimen.

San Felipe ha destruído la industria del café. Puede que acaezcan otros desastres.

Después del huracán de San Felipe y la muerte de Pedro Echeandía, politiqueros se quejaron ante Getulio que los viejos amigastros de Rivera Negrony, Rabell y Sagardía, salan al pueblo con su pesimismo. Se pasan chagareando con memorias porque son los mismos resentidos que quemaron a los ricos de Eneas, Juncal, Cidral, Perchas, Mirabales y Aibonito. Andrés Méndez le llama super-patriota, héroe rollizo, a todo aquel que fue antiespañol de nacimiento. Decanta, con gloria, el origen humilde de cualquier incendiario y ladrón. Lo hará para que sigan los Méndez liberales, cepa de revolucionarios, consolidándose en el poder del pueblo. «Usted no nos engaña», dijeron a Manuel y a su hermano Andrés, «son jefes políticos y en la farmacia La Central lo que tienen es una farsa de sus viejas campañas».

«¿Qué? ¿Ya olvidaron que su padre Avelino fue el jefe intelectual de los tiznaos?»

«Son masones».

«Independentistas».

Ni Getulio ni Chilín permitirían que la cizaña del masonismo y el populismo interrumpieran la marcha del progreso, tal como lo habían entendido. Manolo Méndez presidía el Partido Liberal y, por veinte años, navegó como chágara gorda en la Junta Central del mismo.

«Se acabó el chisme aquí y el cuarto oscuro», le dijeron. «Ya mangonearon mucho con el pretexto de educar al pobre». Empezaron a dividir la gente. A meter miedo. A don Andrés casi lo expulsaban del pueblo. A Manuel, Andrés Gilberto, Lolita, Antonio y Avelinito, se los tuvo que llevar, con su esposa Juana, a Aguadilla, lejos de la presión de las politiquerías y amenazas del nuevo clan del '28: los Echeandía, Garcia Méndez y Oronoces. Don Manolo Méndez perjuró que sería terco. La tertulia de La Central fue su largo diálogo, no el bastión de su poder.

«¿Qué? ¿No sabe usted que enseñaron a quemar? ¡Fueron ustedes!»

Don Manolo no comía miedo. Subsistió. Rivera Negrony le dio ánimos. El progreso es posible. El sentido de la historia sería la realización de sus valores: lo útil, lo bello, lo justo, lo que creyera siempre.

22-9-1986 /
El corazón del monstruo

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Carlos López Dzur / en Letras Kiltras / Colaboradores / 1 / 2 / 3 / 4 / 5 / 6 / 7 / 8 / 9 / 10 / 11 / 12 / 13 / 14 / 15 / 16 / 18 / 19 / Sequoyah 33 / 34 / 36 / 37 / 38


Sunday, September 13, 2009

Censura en Puerto Rico


Por Mayra Santos-Febres / Escritora y educadora

Temo a la censura. Sobretodo le temo cuando se utiliza «la formación integral de nuestros niños y jóvenes» como excusa para privarlos del contacto con experiencias y sobretodo con libros que los ayuden a desarrollar herramientas para pensar. La reflexión tiene que hacerse en un contexto amplio, sin verjas ni no pases. Es imposible pensar: es decir, sopesar ideas, cuando estas ideas diferentes, divergentes son sacadas de en medio desde un principio.

Cierto es que la educación debe tener en consideración la capacidad de jóvenes y niños para asimilar y digerir información. No vas a servirle churrasco a un bebé de cuatro meses que no tiene dientes. Pero los muchachos de undécimo grado que configuran el estudiantado de EscuelasPúblicas de nuestro país, a su edad, ya tienen dientes. Tienen dientes, uñas y garras. Algunos ya tienen bebés de cuatro meses. Ya pueden comer churrasco.

Llega hasta mí la polémica y copia de lista de títulos que la Oficina de Asuntos Académicos del Departamento de Educación de Puerto Rico ha decidido eliminar de las lecturas asignadas a grado 11 por el Programa de Español de la pasada administración. Estuve trabajando durante esa administración como asesora del Departamento de Español y reconozco muchos de los títulos que yo recomendé para que fueran incluídos. Recomendé Aura porque es un clásico de la literatura contemporánea. No hay entre sus páginas una sola palabra vulgar, sí muchas en francés. Quizás Asuntos Académicos y los funcionarios del Sr. Juan L. Rodriguez haya traducido mal alguna. Quedo a su disposición para corregir ese entuerto.

Reunión de Espejos, recopilación de cuentos editada por el poeta y director de la Academia de la Lengua José Luis Vega, recoge cuentos de José Antonio Ramos, Ana Lydia Vega, Tomás López Ramírez (ese maravilloso cuento Banda de acero sobre el Caribe), Luis Rafael Sánchez y Rosario Ferré. Que por favor me indiquen en qué página de qué cuento aparece la palabrota o el contenido soez tan tremendo que hace que se despache ese libro por entero. Quisiera saber qué escena logra convencer a los funcionarios de Asuntos Académicos que un libro que pone en contacto a los estudiantes con la más excelsa literatura de Puerto Rico debe ser retirado de su currículo de enseñanza.

Lo de El entierro de Cortijo a la verdad que no lo entiendo. Es una crónica que pone en contexto histórico figuras de la literatura tales como Luis Llorens Torres y, a la vez, que reflexiona acerca de la cultura popular salsera, tan similar a la del reggaeton. Este libro, sobretodo si se enseña en undécimo grado, puede ayudar a desarrollar herramientas de reflexión crítica sobre la historia, la marginación, los elementos de la cultura popular que son nocivos, la manera en que la música puede ser medio de expresión para sectores marginales del pueblo. Puede avivar discusiones acerca de los aedos, los bardos, la poesía oral, conectarla con el estudio de clásicos como la Odisea (libro que también ha sido censurado o retirado de listas de lecturas por su contenido demasiado vulgar, sobretodo cuando Odiseo aparece desnudo después que sobrevive a Calipso). En fin...

Eliminar de las listas de lectura la Antología personal del José Luis González es un verdadero acto de destrución a la fibra misma de lo que es considerado el estudio de la literatura y el español en Puerto Rico. ¿Cómo se puede enseñar español en Puerto Rico sin estudiar a José Luis González? Estamos hablando, señoras y señores lectores, de un clásico de la literatura latinoamericana, caribeña. Estamos hablando del autor de El país de los cuatro pisos, el autor de La llegada, el autor de Al fondo del caño había un negrito, el autor de La noche en que volvimos a ser gente. Salvo "La llegada" y el ensayo El país de los cuatro pisos que son textos, aprovecho para alcarar, que deberían también figurar como textos claves para el estudio del Español en esa lista, todos los mejores cuentos del autor aparecen compilados en esa antología. Otra vez pregunto por la página o la escena de contenido soez o vulgar que justifique el que nuestros estudiantes no conozcan la obra de nuestros clásicos. Esta quizás sea su única oportunidad.

No me imagino las razones por las cuales estas obras han sido eliminadas, qué ojos censores han encontrado «mensajes perniciosos al desarrollo integral de nuestros jóvenes» entre las páginas de estos libros. No sé si han sido razones meramente políticas, casadas con intereses religiosos obviamente fundamentalistas, los que habrán encontrado al demonio en las páginas escritas por Carlos Fuentes o José Antonio Ramos. Pero se equivocan. Ahí no stá el demonio, no está la falta de moral. El demonio está en la calle. Hay que darles herramientas a nuestros jóvenes para poderlo reconocer. Para poder reflexionar sobre él. Para poder enfrentarlo.

Añado además que el desarrollo integral de nuestros jóvenes estriba en eseñarle el contenido más excelso de la literatura del país y la de afuera. Si me hubieran dejado, hubiese añadido a la lista Los cuentos de Edgar Alla Poe (para entender bien los de Quiroga). Estos cuentos originalmente fueran escritos en inglés, aunque muy bien traducidos por Julio Cortázar- traducción, de hecho, que fue comisionada por Don Jaime Benítez y la Universidad de Puerto Rico. Pero me dijeron que no se podían incluir textos en inglés en en currículo de español. Hubiese añadido a la Odisea, las fábulas de Esopo, Frankestein de Mary Shelley, Drácula de Bram Stocker, a La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, a El llamado de la selva de Jack London, a La amortajada y El árbol de Maria Luisa Bombal, a Borges completo (El sur, Las ruinas circulares, Funes el Memorioso), pero me indicaron cuidado, cautela, que me limitara a lo local- española, latinoamericana y puertorriqueña- que no podía incluir litratura francesa (ni siquiera a El principito de Saint Exupery, que es INDISPENSAL para entender El niño que enloqueció de amor de Eduardo Barrios). ¿Entonces qué? ¿Cuáles son los textos que contribuyen al desarrollo "integral" de nuesros jóvenes estudiantes?

El principal deber de un maestro es educar. Educar no es proveer datos y reglas de moral sino despertar en el estudiante la curiosidad por saber. ¿Qué curiosidad por el saber van a desarrollar los estudiantes si se les priva de textos contemporáneos, de textos de probada excelencia literaria, textos controversiales, difíciles, que nos presentan el bien y el mal de manera fácil, predigerida?¿Cómo van a aprender a pensar nuestros estudiantes, si no tienen en su currículo libros- es decir, material de reflexión- qué conectar con su vida?

Esperamos que el Secretario de Educación Carlos Chardón pueda corregir el entuerto que ha formado su oficina de Asuntos Académicos. Es una gran pena que, durante el gobierno de la esperanza de Obama, aquí en Puerto Rico, los censores les corten las alas a la esperanza. Hay que dejar al pensamiento volar.

Pero, si el Dr. Chardón permite que su Oficina de Asuntos Académicos prosiga su bibliocausto, quisiera recomendarle los siguientes libros. Han sido obras quemadas, perseguidas por gente que se autoproclamado como defensores de la moral social. Aquí van algunas sugerencias:

1. Amar y sufrir o su vida, de Santa Teresa de Jesús
2. Ensayos de Michel de Montaigne (1676)
3. The arrangment de Francis Bacon (1668)
4. Los libros filosóficos de René Descartes (en 1663)
5. Pensées, avec les notes de Voltaire de Blaise Pascal (1789)
6. Pamela o la virtud recompensada de Samuel Richardson (1740)
7. El contrato social y Emilio, o De la educación de Jean-Jacques Rousseau
8. Kritik der reinen Vernunft de Immanuel Kant (1827)
9. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano de Edward Gibbon (1873)
11. Science de l'homme de Claude Henri Saint-Simon
12. De l'Allemagne de Heine (1836)
13.
Los Papas romanos, su Iglesia y su Estado en los siglos XVI y XVII
de Leopold Ranke (1837)
14. Rojo y negro de Stendhal (1848)
15. Cours de philosophie positive de Auguste Comte (1864)
16. Los miserables y Nuestra Señora de París de Victor Hugo (1834-1869)
17. Algunas obras de Alexandre Dumas (padre) (1863)
18. Las novelas de George Sand (1840)
19. Principios de economía política de John Stuart Mill (1856)
20. Gran Diccionario Universal de Pierre Athanase Larousse
21. Madame Bovary de Gustave Flaubert (1864)
22. Varias obras de Alexandre Dumas (hijo) (en 1963)
23. Prólogo de Emilio Castelar a la Historia general de la masonería
de G. Danton
24. Las novelas de Gabriele D'Annunzio (en 1911)
25. Lazarillo de Tormes, Anónimo.


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