Friday, July 20, 2007

Tus piernas

El corazón me latió por juventud y deseo
y tus piernas me bastaron como espectro.
El alma se escurrió, tú sabes dónde.
El placer me sedujo camino a tus tobillos,
subía por pantorrillas, exquisitas,
de ósea envergadura, por tu causa.

Me gusta la caprichosa excelsitud
de tu epidermis y músculos,
tu ritmo y tus formas, tu tersura
que perfeccionan las simetrías
en lo extenso del mundo, lo manifestado.

¿Cómo bajaría del nalgatorio
(con que tú curvas espacios en el cosmos)
la escalera sin peldaños
que contacta pasos tuyos en la tierra?

Tus cimientos locales no tienen parangón;
pero ¡qué biológico andar, con dos columnas
que penetran en el cielo más ricamente
que en mis ojos, que te comen el ser-en-tus-piernas
con una precomprensión del ser, con metafísica!

¿Por qué no te conozco
y paseas delante de mis ojos,
tentación de mundo,
ángel del espectro y la maya,
raíz de sorbo inútil, por qué cantas
para la sorda inmundicia de los otros
que apenas sabe de oídas
de tus resplandores?

De Tantralia

Prisa

¡Qué violenta y golosa es la tierra que conozco
por causa de esta prisa, de los pies a la boca!
Voy donde me llevan sus palabras
que brincan a los vientos,
de norte a sur,
de meridiano en meridiano.

Esta gloria de caverna me devuelve
la gruta del salvaje,
el río de las muchachas atroces
que tienen azadas en las voces y pájaros
en la náusea de sus vientres.

El sol y la negrura están pariendo
y de la mano y las rodillas
se raja el ferroníquel
y el gneis dispara más palabras
que las que jamás se hablaran.

Me arrastra la gravedad consigo
hasta el colmo de un dios escarabajo
para que se abra este corazón
desde lo oscuro
como una granada iluminada
allí donde hubo pausa
y el porvenir no fue destino.


Abril, 1997 / para el libro Tantralia
(Publicado en La Blinda Rosada, 27 de noviembre del 2000)

Agresión patriarcalista

En los eventos causales
eres la pera que no se pide al olmo.
Niegas al taimado sus caprichos.
El honesto fuete te pervive.

Te han dicho débil y te han esclavizado
pero, saben todos que eres
el ibris, la riqueza visible
y el gran salto
del dolor a la dicha,
de la fe a la creación concreta.

¿Ves por qué sólo a tí pido?
Sólo tú puedes ser diosa en los ríos,
náyade de los campos,
sólo tú, árbol de conocimiento
y real esperanza.

Del libro El hombre extendido

Matriarcado

¡Tú desocultas lo que se esconde
en el azar y todo lo pones a raya!
Eres el ser extenso más bello y luminoso.

Eres niña y mujer y madre
y autora de los años y las sabias tormentas
¡por eso se te invoca como vírgen!
por ser tan poderosa,
bruja, salvaje,
independiente.

¡Ojalá pueda ser como tú,
extendido a los senderos
de todas tus memorias!

¡Ojalá me entregues el fruto
de tu paz misteriosa
y muerda igual que tú
la infinita serpiente:
¡la sabiduría!

4-11-1983 / De El hombre extendido

La mano del preaviso

¡Abriré una gran mano!
La mano del pre-aviso; la que ofrenda
después de su abundancia
y se queda vacía.

La siempre pordiosera, abismal mano.
Antes, innecesariamente, la llené
de lo que me abundara, consumo necio
del eco y la réplica; tener
sin de veras desearlo,
¡tener y más tener!

Por eso hoy jala tal mano hasta sí
con la presencia de objetos innominados
extrañamente perdidos o ignorados
hasta el desprecio de lo inconseguido.
¡El gemido declara lo que nunca obtuvo!

Ay, la pertinente mano, accidentada,
dice su yo, se define...
¡no es corazón surtido!

Volver a estar vacío,
tal es su sueño.
Hoy se inventa al quiero poderoso.
Da la primera ofrenda
por los destituídos...

19-9-1983 / De El hombre extendido

El fuego de los ojos

Invoco el ser más puro: el fuego de los ojos.
Clamo a mis anhelos, transeúntes perdidos
que, aún en demora, anticipan
la angustia en las esquinas.

Inventaré las palabras que más se parezcan
al recuerdo de las imágenes visuales
olvidadas, aquellas que fueron sonoras
aunque apenas táctiles;
se fueron yendo tan a prisa
de la mirada; pero se quedaron
soñadas bajo los párpados
con forma de belleza.

19-9-1983

Por algo hice la córnea

Como creador te celaré,
querré que me busque tu mirada.
Por algo hice la córnea
como ventana transparente
y al iris dí policromías para que cumpla
con las demandas y complacencias
de muchas multitudes.

Orgullosamente, sensible
al movimiento de mi boca, tú buscarás
mi beso hasta en el punto ciego
y en el lente cristalino
del fantasma lujurioso y cambiadizo.

Voy a encantar la niña de tus ojos,
tu alma que ríe, tu emoción
que llora y humece
el azul del firmamento.

19-9-1980
Del libro Hombre extendido