Saturday, November 17, 2007

Interrogatorio


La más seria pregunta que le tienen
y, por ésto, ya está sin fianza, incomunicado,
por tres días, en ayunas, es: ¿Qué sabe usted
del rosado y lindo pie, rubendariano,
qué sabe de una zapatilla de cristal,
hecha de vidrio soplado?

Es mejor que lo diga: el hambre de los viejos
en la cárcel de la CIA se vuelve secreto,
irreverable, y mata más que la miseria en los ghettos,
señalada por Johnson cuando propuso
presupuestos populistas y nombró tantos
chulos del pobre y el jodido, un país
de «miserable, estáte quieto».

No querrás tú morir en una celda,
quemarte en una morgue, anónimo
por tan sólo no confirmar lo que dijíste
una tarde, en tertulia con un cura bocón,
el Papa apócrifico, el héroe de los jipis
y bribones, de los homosexuales y las rameras
de este ciclo post-bushista y clintoniano.

La más seria pregunta, con la clavan
su odio ventajero y la ambición de crecer
en el sistema del Pentágono, es:
¿Por qué escapó aquella princesa transmundana,
aquella mujer que robó el corazón del poderoso?

¿Será cierto que ha muerto, o se fue
con otro tortolito a las batuecas, o servir
con los toparcas de la izquierda, tal vez
a turanios del maoísmo o islámicos
con dagas turcas y cabezas tambochas
cubiertas con turbantes?

Norteamérica y la anonimia


Ahora es distinto, ya lo raptan, lo roban,
lo escarnecen, y mira quién lo hace, ¿quién diría?
El Gobierno. El Estado. Los poderes interventores.
La Nación que él bendice. La tierra de inmigrantes
a la que él ha servido desde que vino
de la Antigua Europa, dizque el Viejo Mundo.
Mira quien le hostiga, en tiempos del más nutrido
grupo de inmigrantes, la nación que con Adams
predicó el Sueño Americano…

Si bien le adjudicaron que falseó
la dirección de su vivienda, que es
o que utiliza por cientos falsos nombres,
no saben dónde vive. Es una rata invisible.

El Ciego es un sabio que nadie reconoce.
Que nadie cree tenerlo por vecino y él lo explica,
tan sencillamente: Norteamérica se ha vuelto
la anonimia,
la expresión de seres paranoicos,
aberrantes, el estilo de vida del hermético,
el culebrón que navega en las tinieblas
por túneles de envidias, competencias y chincuales.

Los sofistas y el sobreviviente


Dijo que fue su decisión no verse castigado,
subyugado, torturado, mal herido o, en fin,
eliminado y él escogió sobrevivirse,
verse vivo. Admitió la moral de otros a su lado.

¡Y los seudos maestros dijeron: Bien hecho!
Y lo consolaron: vida por vida, tu vida.
¿No es cierto? Al fin y al cabo, lo instruyeron:
Tienes suerte. Te eligieron. Te premiaron.
Has vencido la muerte sin saberlo
y hallaste gracia a los ojos de quien
pudo ejecutar tu asesinato.

A ninguno habían perdonado en la villa.
¡A él… por ser fuerte, ágil de piernas y de brazos!
Era joven. Reclutable. El sí podía ser soldado.

7.


Los sofistas sí que dan buenos consejos,
ha dicho con su ironía el papilla de marras.
Tu vida es primero.
Tu responsabilidad es sobrevivirte
no importa cómo ni ante quienes, el precio.

Los sofistas, con argucias, instruyen
a los militares y los exterminadores.
Ustedes no son asesinos.
Su violencia es justicia.
El peligro y el azar, sus enemigos.
A la seguridad de sí mismos
podrán llamarla el orden conquistado.

Destruir es asunto de inteligencia
y cada zona de exterminio es predefinible,
justo antes del crimen, como los objetivos.

Los sofistas son retóricos consumados
y maestros bien pagados. Y observa
lo que, desde la Restauración de 1660,
dijo Hobbes, pensionado de Carlos II:
el hombre es un ser apetente y perverso,
antisocial, bien que se vale matar
al que es salvaje, lobo fiero contra el otro.

En estado natural, se contendrá al salvaje,
por su peligro, o sus inclinaciones.
Defínase pues un Estado, una clase elitaria.
Alguien tiene que encargarse de matarlos.

No hay pecado original


No hay místico pecado original.
Lo que existe es un delito vilmente perpetrado,
tolerado obscenamente y repetido.

¡Callar los homicidios que comete el que manda
es vivir mitad muerto, sin estima!
No dejar que sobreviva aquel que necesita
y se esfuerza en hacerlo es alto precio.

Es un chantaje: sobrevivir sin volverse,
por gratitud o complicidad, otro asesino.
Está citado el Papa, ex-viejo sacerdote
excomulgado, que se pontificó como sumo
en libros que lee al ciego, sus Encíclicas.

No hay místico pecado original;
sólo unas ganas de satisfacer la presencia
del aniquilador y olvidar lo que pide
si acaso a tu vida perdonó y extendió amparo.

Que lo ayudes en sus represiones.
Que perfecciones sus técnicas de ultraje.
Que encobardezcas la consciencia
con el rito de la sangre y el oprobio.

Será un sobreviviente si neutraliza la memoria
de lo visto y satisfecho y complacido,
se vuelve cómplice y perjuro.

Los sofistas

Vemos las cosas no como son,
sino como nosotros somos:

H. M. Tomlison


Los sofistas no creen en la inocencia.
No hay bondad absoluta. La iglesia miente.
Puede que ésta asesine mucho más que el Estado.
Ha dejado de sentirse dichoso todo hombre.

En cada rincón, el Leviatán se levanta
sin preguntar el cómo de las cosas
ni el por qué ni para qué. La vida es una escuela
de violencia y acoso y el Destino, un buitre depredante.

Cada vez es más difícil convivir:
los sofistas lo arguyen.
La tribu no cantará con sus vecinos
y sus tambores serán como avisos
de guerras permanentes.

Dios tiene hijos sacrílegos y todos llevan
leña al monte y con sus leñas levantan
las piras de la muerte y harán títeres
del Destino a cada ser humano.

No dés un higo, mortal, por ningún humanismo.
Nada vale, más vale el frenesí que muerde
y la rondilla de cualquier vagabundo
y Judit que corta las cabezas y utiliza la hermosura
que ciega a los borrachos y los necios, cualquiera
sea su poder y el colmo de sus temeridades.
Más vale un crimen artero
que un utilitarismo avergonzado.

Cuídate del privilegio de las revelaciones
y del código ingenuo del éxtasis. En dominio
de sacerdocios y de clases, los puñales están
bajo la mesa, tras el beso judaico, tras las manos
que se limpian en lavacros; en toda parte un crimen
y un cohecho, y una maldición y un enemigo.

No te confíes en nadie,
menos en labios paternalistas, menos
en saberes reservados, arcanos aparentemente
puros, inicuos, exclusivos y privados.

Esos homicidios duelen más que el barullo
de la masa. Los detractores desfloran
con el sutil estigma de su engaño
y su recalcitrante ira absolutiza el desprecio.
El que esté a las duras, aguarde las maduras.
Sufra, jódase, muerda la incertidumbre
antes que el provecho.

… porque el pueblo es ilógico,
no entiende la calidad de aquello esplendoroso,
lo elitario. Es un rebaño de rudas reses de ecoforia
frente a los representantes de lo privilegiado.

Canto al hermetismo / El Gringo Cubero / Bernardino Sánchez

¿A dónde van los pies?


¿A dónde van los pies?

Quiero que se examine a dónde van los pies
de las muchachas, qué medidas tienen
del talón a los dedos, largo y ancho,
cuánta es la tersura de la planta,
el umbral del dolor que resisten
si van pisando brasas que haya en el camino
o abrojos, cuán fina o ruda es la piel,
cuán ágiles, locomotores, son
en cuanto óseos porque es necesario que sepa:
¡existe una zapatilla cautivante!
Y un pie descalzo que me da nostalgia.

Se metió en el alma de un rey
muy poderoso, todo un príncipe aclamado
por el mundo, todo el jehovítico señor
de los Amores.

¿Y donde fue el otro zapato?

Un accidente fue: el azar del zapato
no pretendió ser una patada.

El heredero del imperio adeudará su dicha
a quien le diga: a mi pie pertenece esa sandalia,
damela y me voy, o si la quieres,
guárdala de recuerdo…

Mas no es tan fácil que suceda de ese modo.
En asunto de Estado se ha convertido la estética
de su pisada y la precipitada fuga de la adolescente…

Canto al hermetismo

Tu víste el ego

Lo que tú viste en este cenegal de ambiciones,
en esta vida cenicienta de criados, en este palacio
de esperanzas fallidas y arrogancias, es la realidad
no tal cual es. La realidad como la pintan.

Calva, sucia, pordiosera.
Turbia, desesperanzada, adornada
por esteticistas, ganapanes, burócratas,
canallas entre ratas plañideras,
neopagnos que rechazan al mundo
de la forma y lo reducen a las fuentes
de su inautenticidad y su tragedia.

Tú viste el ego, la cultura que hay en tí.
Y, de paso, la ambición de la corte que lucra
con tus sueños, darte una tajada
de la ganancia material-política
al pretender satisfacerte.

Tú viste una criatura objetiva, muy hermosa,
Un sujeto revelado intrusamente en tu mundo
y la quieres atrapar, follarla, seducirla
y tenerla en tu corte como una pieza más
de tus placeres… tú viste un aspecto
de la dialéctica histórica, la objetiva
y única y concreta.

Es lo que te entristece,
Señor de los Palacios, que se lo engañe
con dogmaticidades, vulgarmente nacidas de la maña,
el provecho político y material que representa
ella, la que se fuga, la que no reparó que, al irse,
rompería su corazón en mil pedazos.

Ella tiene un secreto. Sírvase la metáfora de la magia:
La hada madrina y su varita soliviantan
su interna dialéctica profunda. Si no eres tú
quien la buscas, quédate con la varita del hada.
Confórmate con guardar a la niña sus zapatos.
Si no tienes el valor de ir a buscarla,
olvida a quien te habló lo necesario.

Canto al hermetismo