Tuesday, January 22, 2008

El ángel del Devenir


Va directo a matar la soledad
(más la suya que la mía) ese fantasmal Devenir
al que he llamado mi ángel, pedacito
de mi fe sobreviviente. Ha de ser aburrido
ese rincón donde vive, ese mundo inexistente
o invisible que lo aloja. Ha de tener por alma
un yermo inhóspito en las selvas, o un pedestal
colgado de la Luna, astral con nubes
o poros de plata o agujeros oscuros.

Aquí, si llega, me encandila los ojos.
Se escapa para encenderse él mismo las pupilas
como un múcaro en la noche.

De plano que no se divierte, o no es siempre,
la dialéctica de mi historia y mis territorialidades
lo que puede entretenerle. Es diferente a mí.
¡Tan diferente! Nada en común nos une
y es tan neutro que duele. ¡Ella es como la Muerte!

Me habituó a su presencia porque juega con luz
y con silencio; distinto a mí,
no aprendió a llenarse de palabras.
Hay que callar con lo que sea,
hay que morderse la lengua o maldecirlo.
¡Que se vaya por los huecos numinosos!

No. Mejor no. No estorba.
Si es lo que quiere, lo hospedo para siempre.
Con él se zurce mi modestia, él me hace mudo
cuando a la bestia ruda del que-me-importismo,
desafío. El / o ella me calla.
Quizás por eso lo quiero.

Bien sabe cómo se juega su aproximación
a mis cinco sentidos, cómo lo invoco
ante una Luna llena, licenciosa, que inventa el tiempo
y me da sus arquetipos. El / o Ella crepitan
como la chavisca de mi alma. Es algo inexplicable
a lo que yo sonrío; simplemente, le comparto mi poesía,
doy este acento infinito de nostalgia.
¡Este cosmos incompleto de mi carne!

Con su tiempo sagrado, su presencia me atarea
y a veces, acaso si comparto lo que siento,
le digo mis verdades. ¡Que se joda si lo ofendo!
¡Que importa, carajo, que se enoje!

«¡Eres tan poco útil, ángel mío,
Devenir de lo Incierto y yo, la roña
en lo objetivo, tú, tan constante y espectral
como locura, tú conturbas a los más necios,
superticiosos de los hombres, pero, para nada
me sirves, eres la Nada alucinante,
yo, por ambición, amo mi mundo».


En vano es buscar la fase superior,
lo evolutivo, en su poder parasitario,
en fatua luz, en su energía.
Viene a robar de mi amor un gesto dulce
y lo ha logrado. Que diga al menos
que sí soy generoso.

Lo quiero en mi pared como un retrato,
aunque no me aporte un pan ni me haga caso,
aunque sepa que se va como vampiro
al que alimentaría con mi sangre,
si lo pide, con deseo,
con esperanza, con sexo.

Yo lo educo en la opción abierta de mi esencia.
«Esto es lo que es un pobre hombre:
un pecador, un cuerpo en sangre y hueso,
irredento, oprimido, socialmente y por los dioses».

Devenir, mi esencia pura está en la posibilidad
tan cierta, cruel y natural a la vez,
de mis realizaciones.

Bueno, no es nada personal
si riño con el ángel, o Azazel,
o el Devenir, o la Nada, o lo que sea
lo mismo. Estremecido de ternura
lo he mirado en los ojos, yo,
que no lo odiaría sin hallar un motivo.

«Díme si quieres que te ame.
No es nada personal si no lo hago.
Dáme el acceso a tí, Devenir.
Sé mi duende y mi voz.
Por de pronto, no sirves para nada».


Del libro Teth, mi serpiente

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