Monday, January 21, 2008

Ultimátum


Mi oponente, mi opresor, es la voz que calla.
Oído sordo al que dirijo mi queja.
Fuente cómplice que permite postraciones.
Continuidad del corazón en carne viva.

Esta es mi rebelión que lleva tiempo.
Debato entre paredes, remuerdo en celdas
de mis intimidades, me asomo a los barrotes
y pido negociar, con arbitraje.
Pero, ¿dónde el intercesor?
¿dónde él, tan predicado?

El me abandona y los emisarios huyen
porque es intolerable la acción directa,
incentivar a otros, clamar a los conformes.

¡Cómo desespera el amor en boicoteo,
el amor incomprendido; cómo lo empujan
a ser desobediente, a vestir su mala palabra
por lamento, a ejercer tan mal consuelo,
el pataleo! Nadie se agita con él, nadie
lo entiende desde la emisión de su ultimátum.

Planean dejarlo solo y no lo dicen
porque el espacio, no fraterno, insolidario,
es tan indecoroso y el amor que usurpa
a gritos libertades, voces vecinas,
se organiza para gobiernos paralelos.

2-11-2000 / El hombre extendido

La tradición bestializante

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