Monday, December 17, 2007

Romance de Rocío


No desmayes. No te caigas.
Hay licor de abundancia en tus secretos.
Mantén mi erección infinita.
Camina a alcanzarme.
Quiéreme; regocíjate.

Sumérjete en manjares
del techo maquillado, tus gestos.
Que la pequeña, nuestra hija, sea tu casa
y gózate en sus paredes.
Sus muros son piel tan delicada;
pero te dará gritos y sonrisas.
Las empalizadas mías
no has de tenerlas siempre.
Acógete a tus propios aretes.
Cuida tus huesos.

Han sido vulvas colgantes, tus joyas
(es que eres artefacto delicioso).
Tu compañía, para mí,
han sido trampas tendidas para que comience
a reir contigo ante el mundo,
ir a donde tú te escondes, verte
donde yo menos te quiero; pero...
donde te hallas como quisieras verte...

Me embromaste, amor,
porque metí mi cabeza a tu asador.
Chamuscado está mi ser,
a brasa viva por tu causa.
Te quiero así, sin embargo:
libre, porque así eres.

Es lo que mostraste
desde el primer momento.
No voy a cambiarte
porque sé que no lo quieres.
Ríete de mi soledad y de mi lógica,
mitos de mis esperanzas.

Cuando seas tú misma a conciencia,
me entenderás un poco, reiremos juntos,
y será gratamente recibida
la visión de mis códigos,
burdos o nobles...
ojalá veas tu fantasía,
por mí, confrontada;
¿no es el amor desafío?

Ella, ese alguien nuevo que faltaba,
no tiene culpa de tus veleidades
y aún, saturado contigo
de sexo hasta los huesos,
has construído tu casa,
con ruidos que no me pertenecen.

Con ella, ¿sabes?
piso en tus rincones más puros.
Tu niña es otra casa
y el trato con que nos une
edifica más vida que versos,
más angustia que ideas.

Aunque me ponga corbata por lengua
para el formal acercamiento a tu ser,
ni tú ni yo pactamos de ese modo;
yo prefiero tus labios frívolos por broche,
mi cuerpo viajante por el tuyo,
con fiera biología por meta.
Así te quise, así me has de querer
y no hay vuelta de hoja.

Por algo eres tú, amor, tan orgullosa,
lúbricamente tentadora,
vorazmente insensata como diluvio,
remolino de juventud y de apetito.
Me fuíste devorando desde tu abismo.

Ahora nos falta completar el cómo somos,
sin vestirnos de fatuos fuegos
y poses piadosas después de tanto puerco ocio,
por amor a la carne. ¡Seamos sinceros
hasta el final de la biológica estirpe!


(Publicado en Tertulia de Mizar, Núm. 575, 2 de abril del 2000)
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